CINCUENTA AÑOS DE UNA IFRAESTRUCTURA QUE MARCÓ EL DESARROLLO DE TENERIFE.

Güímar, a 12 de enero de 2026.- Una imagen publicada en redes por Don Jonathan Melo Hernandez , muestra lo que fuimos y lo que somos. El final de las obras de los túneles de Güímar, marcaron un auténtico punto de inflexión en las comunicaciones de Tenerife. Hace más de cincuenta años, el Valle de Güímar comenzaba a experimentar una transformación que marcaría para siempre su conexión con el resto de Tenerife. La construcción de la Autopista del Sur, la TF-1, no fue solo una obra de ingeniería; fue el hito fundamental que redefinió la movilidad, la economía y la fisonomía de la isla. Las imágenes de aquella época, hoy medio siglo después, nos muestran un ayer que es la semilla directa de lo que hoy somos.
El primer tramo de esta columna vertebral viaria, entre Santa Cruz de Tenerife y Candelaria, se inauguró el 24 de enero de 1970. Este momento marcó el pistoletazo de salida para un proyecto titánico que se iría extendiendo, década a década, hacia el sur. Durante los años 70, el avance del asfalto fue imparable, superando obstáculos naturales y tejiendo una nueva red de comunicaciones.
Los Túneles de Güímar: un desafío de ingeniería en la roca viva.
Uno de los capítulos más emblemáticos de esta expansión fue, sin duda, la construcción de los Túneles de Güímar. Antes de que la autopista bordeara el litoral como hoy la conocemos, fue necesario horadar la montaña para salvar la compleja orografía del valle. Estas obras representaron un enorme desafío técnico para la época, simbolizando el esfuerzo por unir territorios y reducir drásticamente los tiempos de viaje.
Las fotografías de la construcción muestran maquinaria pesada, trabajadores en la boca de los túneles y un paisaje aún agreste, muy distinto al actual. Cada voladura, cada metro excavado, acercaba más el sur a la capital.
Mientras la autopista se construía, por las antiguas carreteras y los nuevos tramos ya abiertos circulaban los automóviles de la época, como el emblemático Volkswagen 1303 (el «escarabajo» de parabrisas curvos), un testigo sobre ruedas de aquella transición. Las matrículas como la TF-39318 congelan en el tiempo un instante de aquella década, donde la libertad del automóvil particular comenzaba a democratizarse, impulsada precisamente por infraestructuras como la TF-1.
El producto de aquel esfuerzo colectivo y de aquella visión de futuro es la realidad de hoy. La Autopista del Sur se ha convertido en la arteria más larga y vital de Canarias, el escenario diario de miles de trayectos. Mirar aquellas imágenes en blanco y negro o en color desvaído es comprender la magnitud del cambio: de un valle conectado por sinuosas carreteras de montaña a un territorio integrado en la red principal de la isla.
Aquellas obras no solo movieron tierra y roca; movieron el progreso, acercaron pueblos y sentaron las bases para el desarrollo socioeconómico de todo el sur de Tenerife. Hoy, al recorrer a toda velocidad los túneles que costaron años construir, vale la pena recordar el ruido de las máquinas, el sudor de los obreros y la expectación de una comunidad que vio cómo el futuro llegaba, kilómetro a kilómetro, desde el norte.




