BOCHORNOSA ACTITUD LA DEL MINISTRO DE TRANSPORTE TRAS UN NUEVO ACCIDENTE CON DECENAS DE MUERTOS.

Madrid, a 29 de octubre de 2026.- Óscar Puente se aferra al cargo tras el segundo desastre ferroviario mortal del año mientras un tren queda atrapado en un túnel en Toledo por la mala infraestructura
España acumula ya dos tragedias ferroviarias mortales en menos de un año. La última, el pasado miércoles en Urda (Toledo), donde dos trenes de alta velocidad colisionaron y dejaron al menos 69 muertos y más de un centenar de heridos . La anterior, en enero, se cobró 46 vidas en Córdoba . Más de cien personas muertas sobre las vías en apenas diez meses. Y el responsable político del sistema, el ministro de Transportes Óscar Puente, no solo no dimite: se aferra al sillón, esquiva preguntas y, según fuentes cercanas, «no tiene motivo alguno» para marcharse .
El tren no es seguro, señor ministro
Puente compareció tras la catástrofe para asegurar que el sistema ferroviario español «es seguro» . Lo dijo el mismo día en que los equipos de rescate aún retiraban cuerpos de los vagones retorcidos. Lo dijo mientras el país entero se preguntaba cómo era posible que un AVE embistiera a un tren detenido en la vía. El propio ministro calificó el accidente por alcance como «verdaderamente inverosímil» . Inverosímil, sí. Pero real. Y mortal.
La realidad es tozuda. Este mismo jueves, apenas 24 horas después de la tragedia de Urda, un tren de Ouigo con 454 pasajeros quedaba atrapado en un túnel de Ontígola (Toledo) por un enganchón de catenaria . Los viajeros permanecieron en el interior, a oscuras y sin climatización, mientras la compañía les ofrecía compensaciones del 200% del billete . Un incidente que, en circunstancias normales, sería una avería molesta. Pero que llega justo después de que más de un centenar de personas hayan perdido la vida en las vías españolas este año. La infraestructura falla. El mantenimiento es insuficiente. Y el ministro mira hacia otro lado.
Dimisión: la palabra prohibida
Mientras las víctimas aún no han sido enterradas, Puente ya ha dejado claro que no piensa irse. «No estoy pensando en mí», declaró el miércoles, asegurando estar centrado en «aclarar los hechos» . Fuentes internas próximas al ministro insisten en que «no se plantea dimitir ya que dicen que no tiene motivo alguno» . El sindicato CSIF, sin embargo, lo tiene claro: exige que «asuma su responsabilidad» y dimita, y califica de «inapropiado» que haya señalado a un trabajador como responsable del siniestro, usando a un empleado como «chivo expiatorio» .
La política de la responsabilidad, en España, parece un concepto elástico. El presidente Sánchez habló de «asumir responsabilidades», pero sin especificar hasta dónde . Y Puente, mientras tanto, sigue siendo candidato del PSOE por Valladolid para las elecciones del 29 de noviembre . La campaña electoral no se detiene. Las muertes tampoco.
El cinismo como estrategia
No hay gesto de autocrítica. No hay anuncio de remodelación profunda del sistema. No hay asunción de culpa política. Hay, en cambio, una defensa numantina del cargo, un intento de desviar la atención hacia fallos humanos individuales y una huida hacia adelante en clave electoral. Los datos, mientras tanto, dibujan un panorama inquietante: entre 2018 y 2022, España destinó solo el 16% del gasto ferroviario al mantenimiento de las líneas existentes, frente a un tercio en Francia y Alemania . La línea Madrid-Sevilla, escenario de ambos accidentes mortales, utiliza un sistema de seguridad de 1992 . El tren no es seguro, señor Puente. Y usted lo sabe.
La pregunta ya no es si el ministro debería dimitir. La pregunta es cuántas vidas más tienen que perderse para que alguien en el Gobierno asuma que la gestión del transporte en España es un fracaso. Mientras tanto, Puente seguirá en su sitio, ajeno al dolor, aferrado al poder y protegido por un silencio que huele a complicidad.




