EMOTIVO EMBARQUE DE LA VIRGEN DE EL CARMEN EN EL PUERTITO.

Güímar, a 18 de julio de 2026.- El Puertito de Güímar, ese rincón costero donde el mar y la tierra se funden en un abrazo eterno, vivió este pasado 16 de julio uno de sus días más grandes. La festividad de Nuestra Señora del Carmen, patrona de los marineros, volvió a teñir de emoción y fervor el muelle del tradicional barrio pescador. Cientos de personas se congregaron para ser testigos de un rito que trasciende lo religioso para convertirse en la esencia misma de la identidad marinera de Tenerife .
La jornada comenzó con la calma que precede a la tormenta de emociones. Desde primera hora, el ambiente en el Puertito era distinto. Se respiraba esa mezcla única de nerviosismo y alegría que solo las grandes citas saben provocar. Las embarcaciones, engalanadas para la ocasión, esperaban en el muelle el momento cumbre de la celebración. No en vano, la tradición de honrar a la Virgen del Carmen en este enclave tiene más de seis décadas de historia, desde que en julio de 1952 se bendijera su imagen en la Parroquia de Santiago Apóstol .
El reloj marcaba las seis de la tarde cuando la imagen de la Virgen del Carmen, vestida con sus mejores galas y cargada de simbología marinera, salió de la Parroquia de Santiago Apóstol para iniciar la procesión terrestre . El silencio respetuoso de los presentes se rompía solo por el sonido de los pasos y alguna que otra oración susurrada. La Virgen recorrió las calles del Puertito acompañada por una marea humana que crecía a cada paso, reflejando ese profundo arraigo que convierte esta celebración en un pilar inamovible del calendario festivo del municipio .
El momento más esperado llegó cuando la comitiva se aproximó al muelle. El embarque de la Virgen del Carmen es, sin lugar a dudas, el instante que paraliza el corazón del Puertito. La imagen fue trasladada con infinita delicadeza desde la orilla hasta la embarcación que la llevaría a surcar las aguas que tantos pescadores han surcado buscando el sustento para sus familias . No era un simple acto religioso; era la confirmación de que la Virgen es una más entre los marineros, su guía, su esperanza y su refugio en la inmensidad del océano.
El traslado hasta el Club Náutico, donde la Virgen fue recibida con vítores y cánticos, se convirtió en un hervidero de emociones . Las embarcaciones menores que la acompañaban formaban una escolta improvisada pero profundamente significativa, un espectáculo visual que la imagen de la Virgen presidía desde lo alto. Aunque los datos oficiales de esta edición no especifican el número de barcos participantes, en otras celebraciones similares en la isla se han llegado a superar las sesenta o incluso el centenar de embarcaciones, demostrando el poder de convocatoria de esta tradición .
Tras la travesía marítima, la Virgen regresó a tierra firme en procesión por el paseo peatonal, escoltada por la devoción de un pueblo que no quería despedirse de su patrona . De nuevo en la Parroquia de Santiago Apóstol, la comunidad se reunió para la misa cantada que puso el broche de oro a esta jornada de fe .
La celebración, sin embargo, no se limitó al ámbito religioso. Como manda la tradición, la jornada continuó con un gran baile en la Plaza de las Indias, donde la música y la alegría se apoderaron del ambiente, demostrando que en el Puertito, la devoción y la fiesta popular caminan siempre de la mano . Esa noche, el eco de los acordes de las orquestas se mezcló con el recuerdo imborrable de la Virgen sobre el mar, una estampa que, como cada año, quedó grabada en la memoria de todos los presentes.




