Güímar

EL CAMPO ESTRENA NUEVOS BANQUILLOS.

Güímar, a 30 de mayo de 2026.- El Ayuntamiento de Guimar no escondió nunca su satisfacción por cada pequeña mejora en las infraestructuras deportivas del municipio. Se congratulan de cada raya que pintan en una cancha, de cada pelota nueva con la que juegan los niños. Todo, absolutamente todo, es motivo de gozo. Y ahora, el motivo de celebración son los nuevos asientos para los jugadores del Tasagaya.

Desde la Concejalía de Deportes han presentado oficialmente la instalación de nuevos banquillos en el campo Pepe Ramos, una actuación que, aunque pueda parecer menor, supone un antes y un después para los más pequeños de la Escuela de Fútbol Tasagaya.

«Es una demanda histórica, ya que nunca los tuvieron», reconocen fuentes municipales. Hasta ahora, los jóvenes futbolistas se sentaban en el suelo, en bordillos o directamente sobre el cemento, a merced del sol, el viento o la humedad del terreno. Con los nuevos bancos, protegidos por una cubierta, los niños podrán esperar su turno para saltar al césped en condiciones dignas y seguras.

El cambio, aunque sencillo, es simbólico. La concejalía ha querido destacar que la instalación de estos banquillos no es un capricho, sino la solución a una carencia arrastrada durante años. «Nos congratulamos de cada avance, por pequeño que parezca. Porque para un niño, tener un banco donde sentarse mientras anima a sus compañeros es sentirse parte del equipo», explicó un portavoz municipal.

La inversión, que no ha trascendido en cifras exactas, forma parte de un plan de mejora progresiva de las instalaciones deportivas de base. Desde el consistorio insisten en que seguirán trabajando para que «cada raya en el campo, cada pelota y cada rincón del Pepe Ramos esté a la altura de nuestros pequeños deportistas».

Una imagen que lo dice todo

Las redes sociales del ayuntamiento no tardaron en hacerse eco de la noticia con un mensaje claro: «Desde la Concejalía de Deportes, les presentamos los nuevos BANQUILLOS que tendrán nuestros peques para sentarse cómodamente y protegerse de las inclemencias del tiempo». Acompañaban el texto con una fotografía de los flamantes asientos, vacíos aún, pero que en pocos días se llenarán de risas, botas de fútbol y la ilusión de una generación que, por fin, tiene un lugar propio desde el que soñar.

Porque en Guimar, como repiten sus gobernantes, cada raya que se pinta, cada pelota y ahora cada banquillo, es motivo de orgullo y celebración. Y no les falta razón.

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