PREOCUPACIÓN EN EL SECTOR TURÍSTICO POR LA LLEGADA DEL BUQUE HONDIUS.

Candelaria, a 06 de mayo de 2026.- La noticia de que el crucero de lujo con un brote activo de hantavirus atracará en el puerto de Granadilla ha caído como un jarro de agua fría sobre el sector turístico de Canarias, y muy especialmente sobre Tenerife, la isla que acogerá el polémico desembarco. Lo que debía ser un invierno de récords se ha convertido de la noche a la mañana en una pesadilla para hoteleros, agencias de viajes y restauradores, que ven cómo el fantasma del miedo a un brote puede hundir la principal industria del Archipiélago.
Fuentes del Gobierno de Canarias consultadas por este medio admiten «una preocupación máxima» ante el daño reputacional que la operación pueda generar. «No es solo la llegada del barco. Es el mensaje que envía al mundo: que Canarias es el vertedero sanitario donde otros países no quieren asumir sus problemas. Eso, en términos de marketing turístico, es una bomba de relojería», confesaba ayer un alto cargo del Ejecutivo autonómico.
Empresarios: «Estamos aterrorizados»
La patronal hotelera de Tenerife ha convocado reuniones de urgencia para evaluar el impacto. «Estamos aterrorizados. Llevamos dos años recuperándonos de la pandemia, con cifras récord de ocupación, y ahora esto. Un solo titular en la prensa internacional diciendo ‘brote de hantavirus en Tenerife’ puede anular cientos de miles de reservas», explicaba un portavoz de la Federación de Empresarios Turísticos de Tenerife, que pidió mantener su identidad en el anonimato.
El temor no es infundado. Las agencias de viajes alemanas y británicas —principales mercados emisores hacia Canarias— ya han comenzado a recibir consultas de clientes preocupados. Aunque el Gobierno central asegura que los pasajeros no tendrán contacto con la población local, los empresarios consideran que el daño mediático ya está hecho. «Cuando un destino aparece asociado a un virus, el turista no diferencia entre un barco aislado en un puerto y un brote comunitario. Para la opinión pública internacional, es lo mismo», lamentaba el gerente de una cadena hotelera del sur de Tenerife.
El precedente que nadie quiere recordar
Los hoteleros recuerdan aún con amargura lo ocurrido con el Costa Concordia (otro caso, pero naufragio) o durante la crisis del ébola, aunque el paralelismo más inmediato es con los cruceros de la COVID que atracaron en Canarias en 2020. «Aquello no nos pasó factura porque la pandemia era global. Pero ahora no hay pandemia. La gente va a preguntarse: ‘¿Por qué precisamente Canarias? ¿Por qué ningún otro país lo aceptó?’. Y la respuesta es la que nos duele: porque aquí siempre nos toca asumir los problemas ajenos», explicaba un empresario turístico de Adeje.
Los efectos ya se dejan sentir. Algunos touroperadores han llamado a sus centrales para pedir información sobre cancelaciones. Aunque todavía no hay una oleada masiva, la tendencia es a la cautela. «El turista no cancela hoy. Lo que hace es esperar y mirar otros destinos. Y ese ‘mirar otros destinos’ para nosotros significa pérdidas millonarias», añadía otro directivo del sector.
El Gobierno canario exige explicaciones
El presidente del Cabildo de Tenerife ha solicitado una reunión urgente con la ministra de Sanidad para conocer los detalles del operativo y, sobre todo, para exigir una campaña de comunicación que contrarreste el impacto reputacional. «No podemos permitir que la imagen de Tenerife se asocie a un riesgo sanitario que no hemos generado. Exigimos que el Gobierno central ponga todos los medios a su alcance para explicar a la comunidad internacional que esto es un caso aislado y controlado», declaró.
Mientras tanto, en la zona turística por excelencia —Los Cristianos, Las Américas, Costa Adeje— el ambiente es de inquietud. Los empresarios miran al puerto de Granadilla, donde el crucero de lujo se prepara para atracar, y temen que ese barco se lleve por delante el trabajo de años. «Esto es un clásico de la política de este país: los canarios siempre pagamos el pato. Pero esta vez, el pato somos todos los que vivimos del turismo. Y la factura puede ser millonaria», sentenciaba un hostelero harto de promesas incumplidas.




