Arafo

LA GESTIÓN DE ARAFO EN MATERIA DE LIMPIEZA DEJA MUCHO QUE DESEAR.

Arafo a 25 de octubre de 2026.- El Ayuntamiento de Arafo niega ser el autor del cartel «Arafo Limpio y Seguro» que invita a denunciar a los vecinos ante la Policía Local. El episodio, más que una anécdota de redes sociales, expone una realidad incómoda: un municipio donde la limpieza viaria es desigual, cara y motivo de queja constante, y donde la respuesta política parece ser convertir al ciudadano en vigilante antes que asumir la propia incompetencia.

La imagen circuló este fin de semana: un cartel con el escudo de Arafo, el lema «Arafo Limpio y Seguro» y un mensaje que instaba a los vecinos a denunciar «todo tipo de actividades sancionables por la Ordenanza Municipal» a un número de la Policía Local. El texto, según la descripción que acompañaba la publicación, apelaba a la conciencia cívica con una frase reveladora: «lo que no quieres dentro de tu casa no lo zumbes al camino, ya que ese camino es la casa de todos y todas».

Consultado por el cartel, el Gobierno Municipal (formado por CC, PP y Vox) negó ser el autor de la imagen. Pero la negación, lejos de cerrar el asunto, lo abre: si el ayuntamiento no lo hizo, alguien con acceso al escudo oficial y al número de la Policía Local lo fabricó. Y si lo hizo, el mensaje es aún más grave: la solución a la suciedad no es mejorar la recogida, sino que los vecinos se denuncien entre sí.

La letra pequeña que el cartel omite

Lo que el cartel no dice es que Arafo arrastra un problema estructural de limpieza viaria y recogida de residuos que los propios vecinos llevan meses denunciando. En abril de este año, el Diario Digital del Valle de Güímar recogía el malestar de los residentes: pagan «uno de los recibos de basura más elevados de la comarca», pero el servicio «no está a la altura».

La paradoja que señalan los afectados es la misma que subyace a cualquier cartel de «limpieza y seguridad»: el casco urbano presume de calles impecables mientras los barrios periféricos sufren una limpieza irregular, contenedores desbordados y horarios de recogida que no se cumplen. «En el casco parece que viven en otro municipio. Nosotros aquí vemos pasar los días con la basura acumulada, malos olores y la sensación de que nadie nos escucha», denunciaba una vecina de la zona alta.

Los residentes han trasladado al equipo de Gobierno un pliego de reclamaciones que incluye mayor frecuencia de recogida en los barrios y una separación de fracciones que, según denuncian, es «casi testimonial» fuera del centro. «A veces pasan tres o cuatro días sin que vacíen los contenedores. En verano eso es insostenible», explicaba un afectado.

La playa de Lima: cuando el problema es la marea, no el vecino

El asunto de la limpieza en Arafo no se limita al casco urbano. En agosto, tras las quejas vecinales por la acumulación de plásticos, palés y garrafas en la playa de Lima, el Ayuntamiento reconoció que hasta entonces no existía una organización semanal específica para limpiar la arena. El alcalde, Juan Ramón Martín, admitió que «faltaba establecer una frecuencia fija» y anunció la incorporación de un operario para limpiar al menos una vez por semana.

La suciedad de la playa, según el propio alcalde, procedía «principalmente de las mareas y las corrientes». Es decir: no era culpa de los vecinos que tiraban basura en la calle. Era un problema de gestión municipal que se resolvió, precisamente, cuando los vecinos se quejaron.

Un contrato millonario que no se traduce en servicio

El Ayuntamiento de Arafo tiene en marcha una licitación para el servicio de recogida de residuos y limpieza viaria con un presupuesto base de 8.286.250 euros y una duración de 12 años. El pliego de prescripciones técnicas detalla servicios mínimos que incluyen barrido manual y mecánico, limpieza de contenedores, recogida de voluminosos y limpieza de mercadillos, entre otros.

Si el contrato existe, si el presupuesto es millonario y si el pliego detalla las obligaciones del contratista, la pregunta es obvia: ¿por qué los vecinos de los barrios siguen viendo contenedores desbordados y basura acumulada? ¿Por qué la solución que se plantea desde el consistorio —o desde quien haya fabricado el cartel— es que el ciudadano denuncie al de al lado, en lugar de exigir al contratista el cumplimiento de lo pactado?

La ordenanza que ampara la delación

El cartel no inventa nada jurídicamente hablando. La Ordenanza de Policía y Buen Gobierno de Arafo, de 2012, establece en su artículo 231 que «cualquier vecino a quien se cause perjuicio o que, movido por el interés público, presente la correspondiente denuncia por escrito» puede formular denuncias ante la Alcaldía. La norma existe. Pero una cosa es que la ordenanza contemple la denuncia vecinal como recurso excepcional, y otra muy distinta es erigirla en herramienta principal de gestión mientras el servicio público que debería prevenir el problema no funciona.

El mensaje implícito del cartel es perverso: la suciedad no es responsabilidad de quien no recoge, sino de quien no denuncia. El vecino se convierte en el enemigo del vecino, y el ayuntamiento, en árbitro de una convivencia que debería garantizar con servicios, no con sanciones.

Lo que el cartel tapa

Arafo tiene problemas reales. La limpieza es desigual, el recibo es alto y la percepción ciudadana es que el gobierno local no está a la altura. El cartel, con su lenguaje de «casa de todos y todas» y su invitación a llamar a la Policía Local, no resuelve nada de eso. Lo desvía.

Y mientras los vecinos se preguntan quién fabricó el cartel y si deben denunciar a quien deja una bolsa fuera del contenedor, los contenedores de los barrios siguen desbordándose. La basura, al final, siempre vuelve.

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