MELILLA PIDE EL FIN DEL ABANDONO INSTITUCIONAL CON LA LLEGADA DE LOS REYES.

Madrid, a 15 de octubre de 2026.- Los monarcas reciben un baño de masas en la Plaza de España tras 19 años sin visita real, mientras Imbroda exige «una respuesta firme» ante la violación de la soberanía del 30 y 31 de julio en las ciudades autónomas españolas.
A Melilla la separan kilómetros de agua mediterránea de la Península y una frontera de triple vallado de Marruecos. Existe, en cambio, una frontera no tangible, abstracta y dolorosa para ellos: la del olvido. Ni siquiera el sol, caído a plomo esta mañana sobre la Plaza de España de Melilla, disuadió a los melillenses de agradecer la visita de los Reyes. La presencia de Sus Majestades es para muchos un «alivio», una «consideración», tras 19 años de ausencia y un sentimiento de abandono institucional.
Un baño de masas bajo el sol de la Plaza de España.
Desde primera hora de la mañana, la Plaza de España se fue llenando de ciudadanos que aguardaban a Felipe VI y a Doña Letizia bajo la misma certeza: intentar que los kilómetros con la Península no supongan un distanciamiento institucional. Muchos vecinos, con banderas de España y de Melilla, expresaban su gratitud por una visita que consideran un reconocimiento largamente esperado.
«Estamos aquí como gesto de agradecimiento», explicaba una melillense entre la multitud. «No somos solo frontera de España, también lo somos de Europa y parece que se olvidan de que somos una contención». En torno a ella, la plaza rebosaba de ciudadanos que querían sentirse, por un día, protagonistas de la agenda del Estado.
Imbroda reivindica la españolidad de Melilla.
Un sentimiento patrio de pertenencia a un país que, una hora después, reivindicaría en el Salón Dorado del Ayuntamiento el presidente de la ciudad autónoma, Juan José Imbroda. «Con la firma de la Constitución, plasmamos nuestro sentimiento de ser españoles», afirmó con algo de nervio, antes de subrayar que «Melilla es España desde los albores de nuestra nación».
Esta aseveración, compartida con su «hermana» Ceuta, sirvió a Imbroda para referirse a los «infaustos días» 30 y 31 de julio, cuando, en sus palabras, «se violentó nuestra soberanía». El presidente melillense demandó «una respuesta firme en todos los órdenes», porque, advirtió, «nadie puede violentar la soberanía nacional sin recibir ninguna consecuencia».
Una frontera de contención para España y Europa.
La jornada dejó imágenes de complicidad entre los Reyes y los melillenses, pero también un mensaje político nítido: Melilla no quiere seguir siendo la gran olvidada. La ciudad, que soporta presión migratoria, fronteriza y comercial, reclama ser tratada como lo que es, territorio español de pleno derecho y frontera exterior de la Unión Europea.
Los Reyes, con su presencia, respondieron a ese sentimiento. Pero las palabras de Imbroda y las conversaciones en la plaza dejaron claro que el viaje no cierra una herida, sino que abre un camino: el de una relación institucional más estrecha, más constante y menos marcada por los kilómetros y el silencio.




