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CEUTA SIGUE EN UNA SITUACIÓN DE EMERGENCIA Y LOS MÉDICOS ALERTAN DE ENFERMEDADES.

Madrid, a 19 de agosto de 2026.- Han pasado más de dos semanas desde aquel 30 de julio en el que unos 70.000 migrantes cruzaron la valla que separa Ceuta de Marruecos. Lejos de recuperar la normalidad, la ciudad autónoma vive sumida en una crisis sanitaria, social y de seguridad que ha dejado a sus servicios públicos al borde del colapso y a sus ciudadanos recluidos en sus hogares, mientras el presidente del Gobierno permanece de vacaciones en Lanzarote.

Los médicos alertan: «Hay infecciones que no se están tratando».

El personal sanitario de Ceuta ha lanzado una advertencia que no admite matices. El sistema sanitario está al límite y los profesionales, agotados tras jornadas maratonianas, exigen la declaración de la emergencia.

Francisco García Lanzas, cardiólogo y director del grupo de Cooperación Internacional del Colegio de Médicos de Ceuta, atiende de forma voluntaria a los miles de subsaharianos que permanecen en asentamientos improvisados, como la playa del Trampolín, después de su jornada hospitalaria. Calcula que hay unos tres mil migrantes en esa zona, pero solo pueden atender a entre 300 y 400 al día. «A veces se nos quedan sin ver unos 100 porque nos quedamos sin luz», explica.

Lo más grave, advierte, son las enfermedades infecciosas. «Hay infecciones que no podemos tratar porque no tenemos antibióticos orales que suministrar en el único punto de atención extrahospitalaria», denuncia. Siham Yakhloufi, del servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Ceuta, añade que muchos migrantes «tienen miedo a venir a Urgencias» y que hay casos de tétanos en personas que se hicieron cortes y no volvieron al hospital. «No sabemos de dónde obtienen agua, que no es potable, porque muchos vienen con diarreas», alerta. «Hay que instalar duchas y urinarios».

El presidente del Colegio de Médicos de Ceuta, Enrique Roviralta, ha cargado duramente contra la ministra de Sanidad, Mónica García, por no haberse desplazado todavía a la ciudad. «Estamos agotados», ha afirmado, denunciando el aumento de lesiones, infecciones, sarna y problemas de salud mental entre los migrantes. Y lo que es peor: el miedo está afectando ya a parte de la población ceutí.

Mientras los médicos claman por un hospital de campaña y refuerzos, el Ministerio de Sanidad insiste en que la situación «dista mucho del colapso». Una afirmación que los facultativos, que atienden a diario en primera línea, desmienten rotundamente: «No entendemos por qué se dice que vivimos una situación de normalidad, porque no es así».

«Ceuta está al borde del colapso»: seguridad y servicios públicos desbordados.

La crisis no es solo sanitaria. El presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, ha denunciado que Ceuta «se siente impotente» y ha asegurado que el Gobierno tiene medios para expulsar a los migrantes que aún permanecen en el enclave. Vivas ha acusado a Marruecos de ejercer «presión migratoria» para «desestabilizar y poner en jaque la soberanía española» y ha pedido «más policía».

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha sido especialmente dura: «Tras 16 días de esta invasión tolerada por el Gobierno, Ceuta está al borde del colapso, la seguridad comprometida, desbordados con grandes problemas sanitarios —ya lo han anunciado y lo han dicho otra vez los médicos que ahora hay un nuevo riesgo de epidemias—, con agresiones, violaciones diarias».

El Consejo General del Poder Judicial ha advertido de la necesidad de reforzar los juzgados de la ciudad, mientras que el Gobierno asegura que ya ha adoptado medidas. Sin embargo, la realidad sobre el terreno es tozuda: miles de personas continúan campando a sus anchas por la ciudad autónoma.

Una población atrapada y unos niños recluidos en casa.

La población ceutí vive con miedo. El presidente del Colegio de Médicos lo ha confirmado: el temor se ha extendido entre los ciudadanos. Las calles se han vaciado y las familias evitan el contacto con el exterior. Los niños permanecen recluidos en sus casas, mientras la inseguridad y el desorden se adueñan de la ciudad.

La imagen de Ceuta es la de una ciudad desbordada por la llegada de adultos y niños que sobreviven entre naves, colas, calles, cementerios, maleza y polígonos industriales. Save The Children ha alertado de que miles de menores —unos 4.000— están en situación de calle. Testimonios recogidos por la prensa hablan de golpes, hambre, miedo y noches sin techo, con niños durmiendo entre basura y escombros.

La ausencia del presidente: vacaciones en La Mareta mientras Ceuta arde.

Uno de los focos de crítica más encendidos ha sido la actitud del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El jefe del Ejecutivo se fue de vacaciones a Lanzarote el 1 de agosto, un día después de la entrada masiva, y desde entonces ha residido en la finca estatal de La Mareta.

En sus 18 días de vacaciones, Sánchez solo ha tenido dos actos relacionados con la crisis de Ceuta: dos videoconferencias celebradas el 7 y el 17 de agosto. La oposición le ha exigido que salga de «su escondite» y se ponga al frente de un mando único para liderar la respuesta. Ayuso lo ha retratado como «el político con menor credibilidad de Europa, eso sí el que tiene las vacaciones más largas y las mayores crisis».

El Gobierno promete devoluciones, pero la realidad es otra.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha asegurado que se devolverán «todos y cada uno» de los migrantes. Sin embargo, la realidad es que varios miles siguen campando a sus anchas por la ciudad autónoma. Organizaciones como Human Rights Watch han documentado devoluciones en caliente y han denunciado la situación de los menores no acompañados.

Mientras tanto, el Gobierno insiste en que no pretende cambiar su relación con Marruecos, y muchos analistas ven en esta crisis una jugada más en una partida de concesiones al país vecino. La portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, ha criticado a la derecha por usar la crisis «para introducir discursos de odio e inocular miedo», pero las palabras no bastan para calmar el desorden, el miedo y la desesperación que se viven a pie de calle en Ceuta.

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