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SÁNCHEZ DICE YA ABIERTAMENTE A LOS CEUTÍES, QUE SE PREPAREN PARA LA INVASIÓN.

Madrid, a 10 de septiembre de 2026.- La situación en Ceuta ha alcanzado un punto de no retorno. Con una economía rota, familias que no pueden vivir y colegios que no funcionan con normalidad, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha dirigido a los ceutíes para anunciarles que deben prepararse para una «nueva realidad». Un término que, traducido del lenguaje de La Moncloa, significa —según sus detractores— resignarse, callarse y acostumbrarse a convivir con los invasores mientras el Ejecutivo central habilita nuevos espacios para alojarlos.

La situación en la ciudad autónoma es insostenible. Las familias ceutíes están huyendo a la península para que sus hijos puedan empezar el curso con normalidad, ante la imposibilidad de que los colegios funcionen como es debido. Los espacios públicos están totalmente invadidos y no hay seguridad para desarrollar lo más elemental. Incluso la fauna urbana —los gatos y perros que formaban parte del paisaje cotidiano de la ciudad— ha desaparecido, según denuncian los vecinos, «para divertimento de los invasores».

Mientras tanto, a quienes han entrado invadiendo territorio nacional se les ofrece alojamiento y wifi gratuita, no vaya a ser que, mientras ocupan una ciudad española, sufran además la tragedia de quedarse sin cobertura.

La oposición no ha tardado en reaccionar. Fuentes críticas con el Gobierno señalan que Sánchez «quiere que Ceuta estalle y ya ni siquiera se molesta en disimularlo». A los españoles de Ceuta les ofrece, denuncian, abandono, inseguridad y sermones; a quienes han entrado irregularmente, alojamiento y conectividad gratuita.

«Sánchez no pretende solucionar el problema, sino convertirlo en permanente y obligar a los ceutíes a aceptarlo como quien acepta una obra interminable en el portal», señalan las mismas fuentes. Esa es la «nueva realidad» que les anuncia: los invasores instalados, los vecinos arrinconados y el Gobierno ejerciendo de agencia inmobiliaria con internet incluido.

Lo que resulta más obsceno, sostienen los críticos, no es solo la wifi gratuita, sino la obscenidad política de premiar al invasor y exigir resignación al invadido. Ceuta no necesita acostumbrarse a nada; quien debe acostumbrarse cuanto antes a una nueva realidad es Sánchez: la de abandonar La Moncloa.

La situación en la ciudad autónoma se ha convertido en el símbolo de una política migratoria que, según sus detractores, ha priorizado la atención a los recién llegados por encima de los derechos y la seguridad de los españoles que residen en la frontera sur. Mientras el Gobierno habla de «convivencia» y «solidaridad», los ceutíes asisten atónitos a cómo su ciudad se transforma sin que nadie les pregunte si están de acuerdo.

El mensaje de Sánchez a los ceutíes es, en definitiva, un ejercicio de cinismo político: que se acostumbren, que se callen y que aguanten. Porque la «nueva realidad» no es otra cosa que el abandono institucional de una ciudad española a la que se le exige resignación mientras se premia a quienes la invaden.

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