UN DÍA COMO HOY, TENERIFE VENCIÓ A LAS TROPAS BRITÁNICAS EN SANTA CRUZ DE TENERIFE.

Santa Cruz de Tenerife, a 25 de julio de 2026.- Hoy se conmemora el 229º aniversario de uno de los episodios más gloriosos de la historia de Canarias. El 25 de julio de 1797, festividad de Santiago Apóstol, las tropas españolas al mando del general Antonio Gutiérrez de Otero derrotaron al intento de conquista del almirante británico Horatio Nelson, que perdió su brazo derecho en la batalla y abandonó las costas tinerfeñas humillado.
En 1796, España y Francia firmaron el Tratado de San Ildefonso, aliándose contra su enemigo común: Gran Bretaña. En octubre de ese año, España declaró la guerra a la potencia británica y su «despotismo universal en la mar».
La respuesta inglesa no se hizo esperar. El 14 de febrero de 1797, la escuadra británica al mando del almirante John Jervis derrotó a la armada franco-española en el cabo de San Vicente. Tras un fallido bloqueo a Cádiz, Jervis puso su atención en las Islas Canarias, un enclave estratégico en la ruta hacia América y punto de recalada de embarcaciones españolas cargadas de valiosas mercancías.
La flota comandada por el joven y ambicioso contraalmirante Horatio Nelson, de 38 años, era imponente: cuatro navíos de línea, tres fragatas, un cúter y una bombarda, con 393 cañones y alrededor de 2.000 hombres.
Frente a ellos, la defensa de Tenerife apenas contaba con 1.700 hombres, en su mayoría milicianos canarios que dejaban sus tareas cotidianas para acudir al combate cuando eran requeridos, además de algunos soldados regulares y artilleros. Unas fuerzas muy inferiores en número y experiencia.
Pero al mando se encontraba un experimentado militar: el teniente general Antonio Gutiérrez de Otero, Comandante General de Canarias. Gutiérrez, que ya había derrotado a los británicos en las Malvinas en 1770 y participado en la toma de Menorca, aplicó un plan de defensa basado en la adecuada distribución de sus escasas fuerzas para adelantarse a cada movimiento enemigo.
La escuadra de Nelson llegó a la vista de Santa Cruz el 22 de julio. Inmediatamente, los británicos lanzaron un primer ataque nocturno desembarcando en Valleseco, pero fueron rechazados por las tropas canarias. Ante el fracaso, Nelson no desistió.
Convencido de que la ciudad caería fácilmente, y tras recibir informes que subestimaban la defensa, Nelson escribió a su superior Jervis: «Tomaré el mando de todas las fuerzas destinadas a desembarcar bajo fuego de las baterías de la ciudad y mañana probablemente será coronada mi cabeza con laureles o con cipreses».
La madrugada del 25 de julio, Nelson lideró personalmente el asalto final. 700 hombres en 29 lanchas, con los remos envueltos en tela para no hacer ruido, se dirigieron hacia la playa de la Alameda.
Pero el factor sorpresa se perdió. La fragata española «Reina Luisa» dio la alarma y las campanas de las iglesias de Santa Cruz repicaron alertando a la población. Las baterías de los castillos abrieron fuego contra las lanchas británicas, hundiendo el cúter Fox y causando 97 bajas.
Solo seis lanchas lograron desembarcar. Una de ellas era la de Nelson. El contraalmirante fue alcanzado por metralla de un cañón o por fuego de fusilería -las fuentes varían-, que le destrozó el codo derecho. Mientras su hijastro, el teniente Josiah Nisbet, le practicaba un torniquete de urgencia con su pañuelo de seda negra, Nelson exclamó: «Soy hombre muerto». Salvó la vida, pero el cirujano del barco tuvo que amputarle el brazo.
La operación, realizada sin anestesia en la cubierta del HMS Theseus, marcó el punto de inflexión en la vida de Nelson, que a partir de entonces firmaría todos sus documentos con la mano izquierda.
A pesar de la herida de su almirante, un segundo contingente de 450 hombres al mando del capitán Troubridge logró desembarcar y tomar refugio en el Convento de Santo Domingo, donde quedaron sitiados por las tropas de Gutiérrez.
El capitán Troubridge, viendo la situación insostenible, firmó una capitulación honorable que permitió a las tropas británicas retirarse con sus insignias, heridos y armas, con la condición de no volver a atacar las Islas Canarias.
La caballerosidad de los vencedores
El general Gutiérrez demostró una extraordinaria humanidad hacia el enemigo derrotado. Ordenó trasladar a los heridos ingleses al Real Hospital, proporcionó provisiones y agua para la travesía de regreso, e incluso invitó a algunos oficiales a su propia mesa.
Nelson, antes de abandonar definitivamente las costas canarias, escribió una carta autógrafa a Gutiérrez -el primer documento firmado con su mano izquierda tras la amputación- en la que le expresaba su más sincero agradecimiento y reconocimiento:
«No puedo dejar esta Isla sin devolver a V.E. mis más sinceras gracias por su cariñosa atención para mí y su humanidad para aquellos de nuestros heridos que estuvieron en su poder o a su cuidado». También ofreció al general español un barril de cerveza y un queso.
Gutiérrez respondió con igual cortesía: «De mi parte considero que ningún lauro merece el hombre que sólo cumple con lo que la humanidad le dicta (…) a quienes debo considerar como hermanos, desde el momento que concluyó el combate».
Consecuencias
Incapaz de aceptar su derrota, Nelson informó a Jervis que se habían enfrentado a 8.000 soldados, cuando en realidad apenas eran una quinta parte. La victoria de las armas españolas se debió a la colaboración entre las escasas tropas regulares, las milicias voluntarias y la población en general que acudió a la llamada para la defensa de la isla.
El rey Carlos IV ascendió a Gutiérrez a Teniente General y concedió al escudo de Santa Cruz de Tenerife la tercera cabeza de león inglés, además del título de «Muy Leal, Noble e Invicta Villa, Plaza y Puerto de Santa Cruz de Santiago de Tenerife».
Las bajas británicas ascendieron a 349 hombres (44 muertos en combate, 177 ahogados, 5 desaparecidos y 123 heridos), mientras que las españolas apenas fueron 72 (32 muertos y 40 heridos).
Cada año, Santa Cruz de Tenerife conmemora esta gesta con recreaciones históricas que trasladan a la ciudad al siglo XVIII, con desfiles, combates escenificados y homenajes a los héroes de aquella jornada.
El Cañón Tigre, que según la leyenda disparó el proyectil que hirió a Nelson, puede visitarse hoy en el Museo del Castillo de San Cristóbal, bajo la actual Plaza de España.
La derrota de Nelson en Tenerife, a menudo silenciada en la historiografía británica, se erige como uno de los mayores triunfos de las armas españolas y un símbolo del patriotismo y el valor del pueblo canario. Una fecha para recordar que, como escribió la revista del Ejército, «Canarias es hoy España y es presencia avanzada de nuestra Patria en el océano Atlántico porque así lo quisieron los canarios ese día de Santiago».




