Sociedad

LAS CONSECUENCIAS DE UN CAMBIO DE HORA.

Candelaria, a 25 de octubre de 2026.- Cada primavera y cada otoño, millones de personas en Europa, incluida España, ajustan sus relojes. Lo que durante décadas se presentó como una medida de eficiencia energética es hoy objeto de un intenso debate científico y político. La evidencia acumulada revela un panorama complejo: los beneficios económicos son cada vez más cuestionados, mientras que los efectos sobre el sueño, el sistema cardiovascular y la seguridad vial son medibles, aunque no siempre uniformemente negativos.

El mito del ahorro energético

El argumento histórico a favor del cambio de hora ha sido el ahorro de electricidad al aprovechar mejor la luz natural. Sin embargo, análisis recientes ponen en duda su relevancia práctica. El economista Santiago Niño Becerra calculó que, para una familia media en España, el ahorro durante los seis meses de horario de verano asciende a apenas 6 euros en total, lo que equivale a 1 euro al mes o 3,3 céntimos al día. En el ámbito empresarial, la reducción del consumo se estima en un exiguo 0,3% . Estas cifras, según el experto, resultan «demasiado poco para las molestias demostradas» que genera el ajuste horario .

El impacto en la salud: efectos agudos y crónicos

La comunidad científica coincide en que la alteración del reloj biológico tiene consecuencias fisiológicas. Una revisión sistemática de 157 estudios de 36 países, publicada en 2026, encontró que las transiciones horarias no son uniformemente perjudiciales, pero sí están asociadas a efectos concretos .

El cambio de primavera (pérdida de una hora) es el más agudo. Se asocia con un aumento de los infartos agudos de miocardio y de los accidentes de tráfico mortales . La razón es la privación de sueño y la desincronización circadiana, que afecta la alerta y la concentración. La Dirección General de Tráfico (DGT) advierte que este efecto puede durar al menos cinco días, con picos de somnolencia en momentos inusuales .

El cambio de otoño (ganancia de una hora), en cambio, se asocia con una disminución de la mortalidad por todas las causas y de los accidentes laborales, aunque también con un aumento de los delitos contra las personas . No obstante, el retraso del reloj implica que oscurece antes, lo que incrementa el riesgo de accidentes de tráfico en las horas de la tarde por una menor visibilidad .

Un consenso científico emergente señala que, si se eliminara el cambio estacional, la opción más saludable sería mantener el horario de invierno permanente. Esto se debe a que el horario de verano perpetuo retrasaría la salida del sol en invierno, privando al cuerpo de la luz matutina necesaria para sincronizar el reloj biológico, lo que podría agravar los problemas de sueño y aumentar el riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares .

Seguridad vial: un factor a tener en cuenta

La relación entre el cambio de hora y los accidentes de tráfico es uno de los efectos mejor documentados. Además del incremento de siniestros mortales tras el cambio de primavera, la DGT y expertos en seguridad vial subrayan el riesgo del cambio de otoño. Al anochecer antes, los desplazamientos habituales de la tarde se realizan con menos luz natural. Según datos de Fesvial, uno de cada tres siniestros de tráfico se produce por circunstancias de visibilidad limitada o iluminación deficiente .

Un debate político estancado

A pesar de la evidencia y de que el Parlamento Europeo votó en 2019 a favor de eliminar el cambio de hora a partir de 2021, la medida sigue bloqueada. La falta de acuerdo entre los Estados miembros sobre qué horario adoptar de forma permanente (verano o invierno) ha impedido avanzar en la legislación . Mientras tanto, países como la provincia canadiense de Columbia Británica han decidido unilateralmente abandonar el cambio horario en 2026, y España se encuentra en un limbo legal, con el calendario oficial agotándose sin una decisión política clara sobre el futuro .

En resumen, el cambio de hora ya no puede justificarse únicamente por un ahorro energético marginal. Sus consecuencias sobre la salud y la seguridad son reales y asimétricas: la primavera es más lesiva a corto plazo, mientras que el otoño presenta riesgos vinculados a la visibilidad. La evidencia científica apunta a que, si el objetivo es proteger la salud pública, cualquier reforma futura debería priorizar la alineación del reloj social con el reloj biológico, lo que favorece el mantenimiento del horario de invierno durante todo el año.

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