LA NUEVA MARCHA VERDE SOBRE CEUTA Y MELILLA, AMENAZA LA SOBERANÍA DE AMBAS PLAZAS.

Madrid, a 31 de julio de 2026.- En un momento en que España se quema por dentro, los trenes dejan de funcionar en una imagen dantesca que pone en tela de juicio las comunicaciones de este país; ocurren los hechos más graves en los últimos 50 años para la integridad de España, con la amenaza territorial de las plazas de Ceuta y Melilla.
Las declaraciones de un exasesor del Pentágono instando a Marruecos a repetir el modelo de 1975, el visto bueno tácito de la Casa Blanca y el silencio cómplice de un Ejecutivo español que parece haber vendido a sus compatriotas en el norte de África dibujan un escenario en el que España, más pronto que tarde, podría perder las dos plazas que llevan siendo españolas desde los siglos XV y XVI.
La historia, como un péndulo, amenaza con repetirse. Medio siglo después de que 350.000 marroquíes desarmados cruzaran las fronteras del Sáhara Occidental para forzar la salida de España, el fantasma de una nueva «Marcha Verde» se cierne ahora sobre Ceuta y Melilla. Lo que antaño fue una estrategia del rey Hasán II para poner fin al dominio colonial español en el desierto, hoy resuena con inquietante fuerza en las dos ciudades autónomas, impulsado por una convergencia de intereses geopolíticos que ponen en jaque medio milenio de soberanía española en el norte de África.
El detonante de esta nueva amenaza ha sido la campaña pública lanzada por Michael Rubin, exasesor del Pentágono durante la administración de George W. Bush y figura vinculada al equipo que ideó la tesis de las «armas de destrucción masiva» para justificar la guerra de Irak. En un artículo publicado en marzo de 2026 en la revista Middle East Forum Observer, Rubin sostuvo que Marruecos debería «recuperar el espíritu de la Marcha Verde» y enviar una movilización masiva de civiles hacia Ceuta y Melilla. «Los marroquíes deberían reunirse, enviar excavadoras a la frontera y luego entrar en Ceuta y Melilla desarmados para izar la bandera», escribió en su perfil de la red social X. Calificó a los cerca de 170.000 habitantes de ambas ciudades como «colonos españoles» y describió los territorios como «cabezas de puente ilegítimas» y un «punto débil para la seguridad europea». «Sánchez y la prensa española pueden quejarse, pero no tienen base para actuar. Y, de hecho, la OTAN tampoco podría intervenir», sentenció el analista.
Lejos de ser una voz aislada en el desierto, Rubin ha logrado instalar su discurso en los círculos de poder de Washington. En los últimos meses, ha intensificado su ofensiva reclamando directamente al presidente Donald Trump y al secretario de Estado Marco Rubio que «corrijan otro error histórico» y reconozcan oficialmente Ceuta y Melilla como «territorio marroquí ocupado». No se trata de una boutade sin consecuencias. El pasado mes de mayo, un informe del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos incluyó una referencia políticamente explosiva en la que situaba a Ceuta y Melilla como «ciudades administradas por España» pero «ubicadas en territorio marroquí», respaldando además que el secretario de Estado impulse una mayor implicación diplomática entre Rabat y Madrid sobre el «futuro estatus» de ambas ciudades. «Es la primera vez que en un documento oficial del Congreso estadounidense se asume, al menos en parte, la narrativa de Rabat», advierte el análisis de La Razón.
El posicionamiento de Estados Unidos no es casual ni gratuito. Responde a una estrategia calculada en la que Marruecos se ha consolidado como el socio africano más fuerte de Washington. La administración Trump, que ya reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental durante su primer mandato, ve ahora en Rabat un aliado clave para el control del estrecho de Gibraltar, la estabilidad regional y la contención de la influencia de otras potencias en el norte de África. Ambos países han firmado una hoja de ruta estratégica 2026-2036 que acelera la interoperabilidad militar de Marruecos con estándares de la OTAN y consolida la modernización de sus Fuerzas Armadas. Además, Marruecos ha ofrecido en diversas ocasiones su base naval de Alcazarseguir, ubicada en el punto más angosto del Estrecho, como alternativa a la base de Rota, en un momento en que las relaciones entre España y la Casa Blanca atraviesan su peor momento en décadas por el rechazo del Gobierno de Pedro Sánchez a apoyar la ofensiva de Trump en Irán. «Marruecos habrá tomado nota de lo que está ocurriendo y habrá aprovechado para hacer llegar su deseo de que el tema de Ceuta y Melilla apareciera de alguna manera», señala el exembajador español en Washington, Javier Rupérez.
Mientras tanto, desde el otro lado del Estrecho, el Gobierno de España observa con una pasividad que raya en la complicidad. Lejos de defender con firmeza la españolidad de unas plazas que llevan siendo españolas desde mucho antes de que Marruecos existiera como Estado moderno, el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha optado por el silencio y la inacción. Las críticas no han tardado en llegar desde los sectores más conservadores de la política estadounidense, que han responsabilizado directamente al «gobierno izquierdista de Pedro Sánchez» de la crisis migratoria en Ceuta y han avivado el discurso de que España «no estaría en este lío» si devolviera las ciudades a «su legítima soberanía marroquí». La propia Casa Blanca se ha pronunciado culpando a la política migratoria del Gobierno español de la situación.
La geopolítica del Estrecho, el fortalecimiento de Marruecos como base logística para Estados Unidos y la OTAN, y la creciente presión diplomática desde Washington dibujan un escenario en el que la soberanía española sobre Ceuta y Melilla parece más frágil que nunca. La pasividad del Gobierno de Sánchez, que ha llegado a abrazar el lenguaje de la descolonización en otros conflictos internacionales, es interpretada por los analistas como una invitación a que Marruecos y sus aliados den un paso más. «Sánchez debería hacer lo correcto: cumplir con su retórica anticolonial y poner fin a la ocupación española en África», insiste Rubin. Y mientras tanto, las autoridades de Cádiz deberían «comenzar a prepararse para recibir a los colonos españoles desplazados, ya sea que Madrid lo acepte o no».
El precedente de 1975 es demoledor. Entonces, España, bajo la agonía del franquismo, firmó los Acuerdos de Madrid y abandonó el Sáhara Occidental. Hoy, la combinación de un Marruecos cada vez más fuerte, un socio estadounidense dispuesto a respaldar sus reivindicaciones y un Gobierno español que parece haber renunciado a defender lo que es suyo, vaticina un proceso en el que España, más pronto que tarde, podría perder las dos plazas. La historia, una vez más, amenaza con repetirse. Y esta vez, el péndulo no parece dispuesto a detenerse.




