El Tiempo

GANAS DE PLAYA PESE A TODO.

Candelaria, a 26 de abril de 2026.- Hoy es uno de esos días en los que la meteorología no se decide, y el paisaje playero se convierte en un escenario cambiante, casi teatral. En las costas del Valle de Güímar —desde el litoral de Candelaria hasta el Puertito de Güímar, pasando por la propia playa de Güímar y las calas de Porís de Abona—, los bañistas disfrutan de una jornada tan variopinta como el propio clima: nubes y claros que se suceden sin aviso, rachas de viento que refrescan el ambiente, momentos de calor húmedo que piden cuerpo al agua, y un solajero intenso que se cuela entre los bancos nubosos.

Pese a la mezcolanza de sensaciones, o precisamente por ella, la afluencia de público es masiva. Familias, grupos de amigos, parejas y viajeros solitarios han llenado toallas, sombrillas y neveras portátiles en la arena. “Venimos casi todos los fines de semana, pero hoy tiene algo especial. No sabes si te va a dar el sol o te va a refrescar el viento, pero las ganas de playa son más fuertes”, comenta Cristina, vecina de Arafo.

El baile meteorológico: fresco que espabila y calor que acaricia.

La jornada comenzó con un cielo cubierto de estratos grises que hacía dudar a más de uno. Sin embargo, hacia media mañana, las nubes empezaron a romperse, dejando paso a claros generosos que permitieron lucir un sol intenso, propio de la primavera avanzada. Las temperaturas, según datos no oficiales, rondan entre los 21 y 26 grados, aunque la sensación térmica varía drásticamente según se esté al sol o a la sombra.

El viento —moderado, del nordeste— ha sido otro protagonista. En algunos tramos de la costa azota con fuerza, levantando ligeras nubes de arena y refrescando a los que toman el sol. En otros puntos más resguardados, el aire apenas se nota y el calor se vuelve pegajoso. “Es perfecto: cuando te ahogas de calor, llega una ráfaga de viento y te rescata”, bromea José Manuel, un bañista habitual del Puertito.

Solajero intenso: advertencia no oficial para los despistados.

A pesar de los intervalos nubosos, los expertos locales recuerdan que el sol del Valle —con su característico “solajero”— quema incluso cuando el cielo no está completamente despejado. Los socorristas y voluntarios de Protección Civil han intensificado las recomendaciones: crema solar de amplio espectro, hidratación constante y especial cuidado con niños y mayores.

“La gente se confía porque ven nubes, pero la radiación ultravioleta sigue siendo alta. Ya hemos tenido algún caso leve de quemadura”, advierte un miembro del servicio de vigilancia. Aun así, el ánimo no decae. Las sombrillas multicolores salpican la arena como pequeñas flores.

Ambiente festivo y descanso a partes iguales.

Las playas del Valle de Güímar ofrecen hoy un espectáculo sociológico: mientras unos grupos juegan al vóley playa o al fútbol con intensidad, otros se tumban con un libro o simplemente cierran los ojos al ritmo del oleaje. La música de altavoces portátiles se mezcla con las risas, el sonido de las olas y el lejano traqueteo de la autopista TF-1.

La oferta de chiringuitos y kioscos ha respondido con éxito: bebidas frías, bocadillos, papas con mojo y helados se venden sin parar. “La gente viene con ganas de pasarlo bien y descansar. Aunque el tiempo no sea de postal, el ambiente lo es”, afirma Juan Carlos, que regenta un pequeño puesto junto a la playa de Güímar.

Para muchos, el día de playa es el antídoto perfecto contra el estrés semanal. “Trabajo en Santa Cruz, salgo de casa a las 6 de la mañana. Llegar aquí, sentir el viento y el agua, aunque haga nubes… es mi terapia”, confiesa David, sentado en la orilla con los pies mojados.

Otros han aprovechado la jornada para practicar snorkel o simplemente flotar. La visibilidad bajo el agua ha sido irregular por el ligero oleaje, pero eso no ha frenado a los más entusiastas.

El litoral de Güímar demuestra hoy una vez más que no hace falta un cielo completamente despejado para disfrutar del mar. Ese baile de nubes y claros, el viento que alborota el pelo, el solajero que calienta los hombros y las ganas colectivas de pasarlo bien conforman una receta de playa poco convencional pero mucho más real. Porque al final, el mejor pronóstico es la actitud.

Y ese solajero intenso, el mismo que tanto caracteriza a esta comarca sureña, nos recuerda que, aunque el día se vista de nubes, el Valle siempre tiene un resquicio para el sol y la buena vida.

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