LOS COCHES ABANDONADOS EN CANDELARIA NECESITAN UNA RESPUESTA MUNICIPAL.

Candelaria, a 24 de enero de 2026.- La pa´gina «Candelaria sin Tapujos» y «Candelaria Hoy» se hacen eco de un problema acuciante al medioambiente y al paisaje de nuesytro pueblo. La villa marinera de Candelaria, orgullosa de su patrimonio y su fervor mariano, enfrenta una silenciosa pero creciente plaga que deteriora su imagen y su calidad de vida. No son turistas descontrolados ni eventos masivos; son coches abandonados que, convertidos en esqueletos de hierro, han pasado a formar parte del paisaje urbano con una impunidad que desespera a los vecinos.
La situación ha alcanzado cotas tan elevadas que estos vehículos no solo se oxidan, sino que en algunos casos llegan a ser colonizados por la naturaleza. Un ejemplo gráfico y bochornoso es el de un vehículo en el Polígono Industrial del Valle de Güímar en cuyo interior, tras años de inmovilidad, ha echado raíces y ha crecido una palmera.
Sin embargo, el problema va mucho más allá de una imagen surrealista. Vecinos señalan con indignación la presencia de estos chatarros en lugares que deberían primar el decoro, como el aparcamiento del cementerio, o en puntos neurálgicos como la Avenida de Los Menceyes, donde los restos de un Peugeot 106 descansan sobre piedras frente a una farmacia y una parada de guagua. La indignación crece ante la inacción percibida, con denuncias públicas de coches que llevan abandonados desde antes de 2020.
El fenómeno no es exclusivo de Candelaria. En toda Tenerife, el abandono de vehículos es un «gran atasco» paralelo al de la circulación. Tras la pandemia, esta situación se incrementó notablemente, afectando especialmente al sur de la isla. Municipios vecinos como San Miguel de Abona, Arona o Adeje lidian con cientos de casos.
En Candelaria, los datos oficiales hasta noviembre de 2022 hablaban de 20 expedientes abiertos y seis en proceso, con 20 vehículos retirados desde 2020. No obstante, estas cifras contrastan fuertemente con la percepción ciudadana de un problema generalizado y sin control, lo que sugiere que muchos casos ni siquiera llegan a iniciar un expediente.
La presencia de estos vehículos supone mucho más que un daño estético:
- Contaminación ambiental: Se convierten en focos tóxicos. Aceites, baterías, líquidos de freno y otros componentes se filtran lentamente al suelo, contaminando la tierra y los acuíferos.
- Peligro para la salud y seguridad: Son refugio ideal para roedores e insectos. Además, sus estructuras inestables y piezas cortantes y oxidadas representan un riesgo, especialmente para los niños. Un vecino alertaba específicamente del peligro que supone un coche semidesguazado y con bordes cortantes en una rambla.
- Ocupación indebida del espacio público: Privan a la ciudadanía de plazas de aparcamiento y afean calles y barrios, transmitiendo una imagen de abandono que perjudica al municipio.
Los ayuntamientos son los competentes para retirar estos vehículos, pero el procedimiento es largo y complejo. Según explicó el concejal de Seguridad de Candelaria, el trámite puede durar entre seis y siete meses desde que se inicia el expediente.
El proceso comienza cuando la Policía Local verifica el abandono, a menudo tras una denuncia vecinal. Luego, se debe intentar localizar al propietario, un paso que a veces es imposible si el vehículo carece de matrícula o el titular ha cambiado de domicilio. Si se le localiza, se le notifica para que lo retire. Si no, o si no aparece, se abre un expediente administrativo que, tras cumplir varios plazos legales, permite finalmente declarar el coche como residuo sólido urbano y enviarlo a un centro de tratamiento para su compactación.
El Ayuntamiento de Candelaria reconoce carecer de un depósito municipal propio para estos vehículos y que el servicio de grúa actual es insuficiente. Por ello, ha propuesto en varias ocasiones crear un servicio mancomunado con los municipios vecinos de Arafo y Güímar, aunque hasta la fecha no se ha logrado un acuerdo.
Paralelamente, se avanza en una solución para el Polígono Industrial. Los ayuntamientos de Arafo, Candelaria y Güímar, junto al Cabildo, impulsan la creación de una Entidad Urbanística de Conservación (EUC). Esta organización público-privada se encargará del mantenimiento de calles, alumbrado, limpieza y seguridad del polígono, lo que podría ayudar a prevenir y gestionar mejor este problema en esa zona.
Otras medidas que se discuten en la isla pasan por modificar incentivos fiscales. El Ayuntamiento de La Laguna, por ejemplo, eliminó recientemente la exención del impuesto de rodaje para los coches de más de 25 años. El argumento es doble: por un lado, desincentivar el abandono de vehículos viejos que ya no suponen un coste para el propietario; por otro, priorizar las bonificaciones para vehículos eléctricos y menos contaminantes.
La solución requiere un esfuerzo conjunto. Por un lado, es necesaria una mayor iniciativa y celeridad por parte del Ayuntamiento, con campañas activas de retirada y la búsqueda de soluciones logísticas definitivas, como el ansiado depósito mancomunado. Por otro, es fundamental la colaboración ciudadana, tanto para denunciar los vehículos abandonados formalmente a la Policía Local, como para actuar con responsabilidad. Los propietarios deben saber que deshacerse de un vehículo inservible es un trámite gratuito: solo hay que comunicarlo al ayuntamiento y ceder la titularidad para su baja y destrucción controlada.
Mientras la chatarra siga echando raíces literalmente en las calles, el mensaje será de desidia. Candelaria merece que su imagen no sea la de un vertedero improvisado, sino la de una villa cuidada y respetuosa con sus habitantes y visitantes. La limpieza de este problema pendiente es, más que una necesidad estética, una cuestión de salud pública, seguridad y dignidad municipal.




