Arafo

LA PARTICIPACIÓN CIUDANA: DE LA OPORTUNIDAD AL TAPA MISERIAS LOCAL.

Arafo, a 26 de abril de 2026.- El Ayuntamiento de Arafo ha anunciado, con bombo y platillo institucional, la continuidad de sus proyectos de participación ciudadana: “ParticipArafo 2025” y “Conversando con los Jóvenes”. Además, ya perfilan la creación de un Consejo de Participación Infantil y Adolescente de la Villa de Arafo. El pasado 18 de abril se reunió el Grupo Motor de este órgano consultivo, una actividad subvencionada por el Cabildo Insular de Tenerife y ejecutada por una antropóloga cultural, Valentina Mitidieri.

Hasta aquí, todo parece loable. Pero una mirada crítica a la realidad del municipio invita a preguntarse: ¿son estos mecanismos una genuina apuesta por la democracia participativa o una cortina de humo para tapar la falta de ideas, de gestión y de liderazgo de la corporación local?

La paradoja: mucha dinamización, poca acción real…

No es la primera vez que el Ayuntamiento de Arafo presume de procesos participativos. Lo novedoso sería que esos procesos derivaran en cambios tangibles. Sin embargo, vecinos consultados por este medio señalan que, tras años de debates, diagnósticos y grupos motores, las mejoras en el municipio siguen brillando por su ausencia: desde el abandono de caminos rurales hasta la falta de limpieza en barrios, pasando por la escasa oferta de ocio juvenil o la nula estrategia para dinamizar el comercio local.

El anuncio de un consejo infantil y adolescente puede sonar bien sobre el papel, pero ¿qué peso real tendrán las opiniones de niños y jóvenes cuando el equipo de gobierno no escucha ni siquiera las demandas de los adultos? La desconfianza vecinal crece al ver que los planes de participación suelen quedarse en diagnósticos subvencionados y fotografías protocolarias.

Subvención externa y ejecución externa: ¿dónde está la iniciativa municipal?

Otro dato que no pasa desapercibido: el proyecto ParticipArafo 2025 está subvencionado por el Cabildo Insular de Tenerife (Consejería de Acción Social, Inclusión, Voluntariado y Participación Ciudadana) y su ejecución recae en una profesional externa, Valentina Mitidieri, antropóloga cultural. Es decir, el Ayuntamiento ni aporta recursos propios significativos ni ejecuta directamente.

Esto plantea una cuestión de fondo: ¿de verdad existe voluntad política de implicar a los vecinos o se trata de cumplir un expediente para justificar una subvención? La corporación parece más hábil en redactar proyectos financiados que en resolver los problemas cotidianos del municipio.

El peligro de la participación como «escaparate».

Cuando una administración carece de proyectos ambiciosos o de una hoja de ruta clara, recurrir a la “participación ciudadana” se convierte en un recurso cómodo. Se crean comités, consejos y grupos motores, se llenan salones de actos con sillas vacías o con los mismos de siempre, y luego se difunde la noticia en redes sociales con el hashtag #Arafo. Pero los problemas reales —el paro, la vivienda, la movilidad, la limpieza, el empleo juvenil— siguen enquistados.

La pregunta que muchos se hacen en Arafo es: ¿para qué sirve un Consejo de Participación Infantil si los parques infantiles están deteriorados? ¿De qué sirve “conversar con los jóvenes” si no hay un plan municipal de juventud con partidas presupuestarias firmes?

Un ayuntamiento que externaliza hasta la idea de gobernar.

La externalización de la dinamización participativa a una antropóloga cultural no es mala en sí misma; profesionales cualificados pueden aportar metodologías rigurosas. Pero el problema es cuando el Ayuntamiento delega el “pensar” y el “escuchar” en terceros, mientras la acción política real se paraliza. La ciudadanía no necesita más diagnósticos ni charlas: necesita respuestas concretas a problemas concretos.

Si el alcalde y su equipo creen que con crear un consejo infantil o reunirse con jóvenes ya cumplen, están confundiendo el medio con el fin. La participación no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para mejorar la gestión. Y si esa mejora no se produce, la herramienta se convierte en un mero adorno.

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