LOS SILOS, EL EJEMPLO A SEGUIR DE UN MUNICIPIO GUERRERO QUE GANÓ LA PELEA A COSTAS.

Candelaria, a 15 de octubre de 2026.- La Audiencia Nacional anula la denegación de Costas para la piscina municipal de Los Silos, que podrá reabrir tras años de cierre. En Candelaria, la desidia entre administraciones y la desgana municipal han convertido un espacio emblemático en un esqueleto abandonado.
La prensa local de Tenerife confirmaba este martes una noticia que devuelve la esperanza al norte de la isla: el Ayuntamiento de Los Silos ha ganado la batalla judicial a la Dirección General de Costas del Gobierno de España, y sus piscinas públicas, frente al mar, volverán a abrir. La Audiencia Nacional, en sentencia de 6 de octubre, ha anulado la resolución que denegaba al consistorio la concesión para la ocupación, uso y gestión de estas instalaciones, cerradas desde 2019.

La resolución judicial reconoce la relevancia social de un espacio que constituye un lugar de ocio y disfrute para los vecinos y que mantiene una vinculación histórica con el mar y el litoral del norte de Tenerife. El director general de Costas y Gestión del Espacio Marítimo Canario, Antonio Acosta, ha subrayado que este tipo de instalaciones desempeñan una función relevante para facilitar el acceso al mar en condiciones de seguridad, especialmente para personas mayores y niños, en una costa canaria cuya orografía dificulta con frecuencia el baño. La sentencia no es firme y puede ser recurrida, pero abre la puerta a que el Ayuntamiento inicie los trámites para regularizar la situación y recuperar las piscinas.
El contraste: Candelaria y su piscina abandonada.
Mientras Los Silos celebra, en Candelaria la historia es radicalmente distinta. Allí, la desidia entre administraciones —aderezada con la desgana del Ayuntamiento de la Villa— ha hecho perder toda posibilidad de recuperar un espacio significativo para los vecinos. La piscina municipal de Candelaria, situada junto al litoral, lleva más de una década cerrada, atrapada en un contencioso con Costas que, según los medios locales, se ha prolongado durante años sin que se haya resuelto de forma efectiva su situación.
En esa piscina, muchos candelarios aprendieron a nadar. Otros se recuperaron de sus dolencias gracias a las terapias acuáticas. Y muchos —o todos— pasamos días de asueto en unas instalaciones que hoy están echadas a perder. Lo que fue un espacio vivo, lleno de familias, nadadores y mayores que encontraban en el agua un alivio a sus dolencias, es hoy un esqueleto abandonado, un símbolo de la desidia administrativa y de la desgana institucional que ha dejado a un municipio entero sin su principal infraestructura acuática.
La paradoja es aún más sangrante si se tiene en cuenta que la Audiencia Nacional ya dio la razón al Ayuntamiento de Candelaria en abril de 2026, anulando la resolución de Costas que denegaba la concesión. El tribunal reconoció entonces el valor social y cultural de las instalaciones y el derecho del municipio a obtener la autorización. Sin embargo, la alegría fue efímera: el Ayuntamiento sigue a la espera de que transcurra el plazo para un posible recurso, mientras Costas impide su reapertura. El propio director general de Costas del Gobierno de Canarias ha recordado que el Estado ya recibió una sentencia contraria en el caso de Candelaria, pero no asumió la decisión judicial y decidió acudir a la vía de la casación.
La nueva piscina no puede ser la excusa.
El Ayuntamiento de Candelaria ha adjudicado recientemente la construcción de una nueva Piscina Municipal Cubierta en la Rambla de Los Menceyes, con un presupuesto de más de 9 millones de euros y un plazo de ejecución de 24 meses. Es una infraestructura necesaria, sin duda. Pero no puede ser la excusa para dejar un espacio tan querido abandonado por una corporación que ha dado por perdido un espacio de todos.
La piscina de la Hornilla, junto al mar, no es solo una instalación deportiva. Es memoria viva de un pueblo. Allí aprendieron a nadar los hijos, allí se juntaban los adolescentes y allí se rehabilitaban los mayores de sus dolencias. «Nos lo robaron una pelea entre despachos que ni siquiera era ideológica. Es surrealista», lamentaba un vecino recogido por la prensa local.
Candelaria tiene que recuperar ese espacio para sus vecinos y visitantes. Y no eran pocos los que pasaban por taquilla. La piscina municipal era un recurso económico, social y emocional que el municipio no puede permitirse perder por más tiempo. Mientras Los Silos vislumbra el final de su particular calvario judicial, Candelaria sigue esperando que alguien, en algún despacho, decida anteponer el sentido común a la desidia y devolver a los vecinos lo que siempre fue suyo.




