LOS REYES CONCLUYEN LA HISTÓRICA VISTA A LA CIUDAD AUTÓNOMA DE CEUTA.

Madrid, a 14 de octubre de 2026.- La histórica visita de los Reyes a Ceuta ha dejado una de las imágenes más significativas de los últimos años: miles de ceutíes volcados en las calles, un monarca caminando entre banderas de España y una declaración que resonará en Madrid, Rabat y Bruselas. «Ceuta es España», proclamó Felipe VI ante representantes de la sociedad civil ceutí, antes de subrayar que la soberanía e integridad territorial «no es negociable, es indiscutible».
La visita, la primera de un jefe del Estado desde 2007 y la primera de Felipe VI como Rey, estaba cargada de simbolismo desde antes de que el helicóptero aterrizara en el puerto ceutí. La Casa Real y el Gobierno consensuaron la fecha —13 y 14 de octubre— en un contexto de máxima tensión tras la entrada masiva de más de 80.000 migrantes desde Marruecos a finales de julio. La ausencia del presidente Pedro Sánchez en la comitiva evidenció las tiranteces previas entre Moncloa y Zarzuela para cerrar un desplazamiento que incomoda profundamente al vecino Marruecos.
Un baño de masas sin precedentes.
La jornada comenzó con una estampa difícil de olvidar: Don Felipe y Doña Letizia descendieron del helicóptero y emprendieron un recorrido de apenas 300 metros desde la Plaza de la Constitución hasta el Palacio de la Asamblea que les llevó media hora. Miles de ceutíes, con banderas de España y de Ceuta, abarrotaron la Gran Vía al grito de «¡Yo soy español, español, español!» y «¡Ceuta no se vende, Ceuta se defiende!».
Las campanas del santuario de la Virgen de África repicaron a rebato mientras los Reyes avanzaban entre aplausos y vítores. Los colegios suspendieron las clases a las 11:00 y la mayoría de los puestos del Mercado Central cerraron para sumarse a la fiesta. En las barriadas periféricas, los vecinos hicieron cola durante horas para conseguir una bandera gratuita, y los balcones se engalanaron con los colores nacionales.
«Preferimos mil veces que vengan los reyes de España a que vengan los políticos de cualquier signo», resumía Abdelá Mustafá, presidente de la asociación de vecinos del barrio de Sidi Embarek, reflejando un sentir que se repetía en cada esquina: la visita no era solo institucional, era un acto de reafirmación identitaria.
Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó al caer la tarde, cuando los Reyes acudieron al cementerio musulmán de Sidi Embarek para presidir un homenaje ecuménico a las más de 140 personas que murieron ahogadas los días 30 y 31 de julio intentando llegar a nado a Ceuta. El acto contó con representantes de las cuatro confesiones que conviven en la ciudad: cristianismo, islam, judaísmo e hinduismo.
Don Felipe y Doña Letizia honraron a los fallecidos ante cientos de tumbas sin nombre, porque no todos pudieron ser identificados. Fue, como señalaron varios medios, el gesto que evitó que la visita se redujera a un acto puramente securitario y la dotó de una dimensión humana y trágica.
Sorpresa en el barrio musulmán.
Lo que estaba previsto como un acto breve se convirtió en uno de los momentos más simbólicos del día. Al salir del cementerio, los Reyes descubrieron que cientos de vecinos de Los Rosales, barriada de mayoría musulmana, les esperaban con banderas de España y pancartas que proclamaban «Distintos credos, una misma España».
Don Felipe y Doña Letizia cambiaron el protocolo y se acercaron a pie para saludar a los congregados, que les recibieron al grito de «¡Soy español, español, español!». El gesto fue interpretado unánimemente como una demostración de que la crisis migratoria no ha quebrado la convivencia entre ceutíes de distintos credos, sino que la ha reforzado en torno a la identidad española.
Los Reyes durmieron en el Parador de Ceuta, convirtiéndose en los primeros monarcas españoles que pernoctan en la ciudad autónoma en toda la historia democrática. Ni Alfonso XII en 1877, ni Alfonso XIII en 1904 y 1927, ni Juan Carlos I en 2007 durmieron en Ceuta. La decisión de La Zarzuela de romper esa tradición fue leída como un mensaje inequívoco de «normalidad» y de respaldo institucional a un territorio que Marruecos reclama como propio.
La despedida, en la mañana del miércoles, fue igualmente multitudinaria. Decenas de ceutíes esperaron desde primera hora la salida de los Reyes del Parador, a los que despidieron entre aplausos, vivas y gritos de «¡Gracias, Majestades!» y «¡Gracias, no nos olvidéis!». El presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, lo resumió ante los periodistas: «Esta visita ha sido buena para toda España».
Una agenda con mensaje diplomático.
La visita a Ceuta forma parte de un viaje más amplio que llevó a los Reyes también a Melilla al día siguiente, en una agenda diseñada bajo el principio de «estricta equivalencia institucional». El programa incluía visitas a centros educativos —como el CEIP Vicente Aleixandre, ejemplo de convivencia entre alumnado musulmán y católico—, reuniones con las autoridades locales y encuentros con representantes de la sociedad civil y de las fuerzas de seguridad.
El viaje había sido preparado con meses de antelación. En agosto, tras recibir en Marivent al presidente ceutí, Felipe VI ya había expresado su deseo de viajar a la ciudad. La crisis migratoria de julio, sin embargo, precipitó los acontecimientos y convirtió lo que debía ser una visita de carácter institucional en un acto de profundo calado político.
Marruecos, que históricamente reclama la soberanía sobre Ceuta y Melilla, optó por guardar silencio oficial ante una visita que en Rabat se interpreta como una reafirmación de la soberanía española. El rey Mohamed VI había criticado semanas antes las «declaraciones irresponsables» de sectores políticos y mediáticos españoles sobre el problema migratorio, sin mencionar explícitamente el viaje real.




