EL BONCHASO DE EL PUERTITO LO DIO TODO.

Güímar, a 23 de agosto de 2026.- El Puertito de Güímar ha vivido este fin de semana un auténtico terremoto de actividad con la celebración del Güímar Summer Fest. Por un lado, el balance oficial es de rotundo éxito: miles de visitantes, alojamientos completos, terrazas a rebosar y una inyección económica que los comerciantes llevaban meses esperando. Pero, como suele ocurrir en estos casos, la cara B de la moneda la han sufrido los vecinos de la zona, que han visto comprometido su descanso y, lo que es peor, su movilidad diaria para acceder a sus propias viviendas.
El botín económico: un respiro para el comercio local
Desde las áreas de Comercio y Turismo del Ayuntamiento de Güímar, el balance es «muy positivo y sin incidencias reseñables» en materia de seguridad. Y no es para menos. La combinación del viernes, con una jornada dedicada a los vinos con Denominación de Origen Valle de Güímar y Abona, y el sábado, con el masivo Boncho tour de Dorada, convirtió el litoral en un hervidero de consumidores.
Los datos económicos hablan por sí solos: ocupación casi total en alojamientos turísticos y viviendas vacacionales, bares y restaurantes desbordados, supermercados agotando existencias y un notable incremento en el consumo de transporte y servicios locales. La dinamización, en este sentido, cumplió su objetivo: atraer visitantes para que gasten y, con suerte, repitan.
El lado oscuro: ruido, atascos y vecinos «atrapados» en sus casas
Pero detrás de las imágenes de calles abarrotadas y selfies con el atardecer de fondo, los residentes de El Puertito han vivido un fin de semana para olvidar. Las quejas no se han hecho esperar en las redes sociales y conversaciones de vecindad: la música en directo y el bullicio de la multitud se prolongaron hasta altas horas de la madrugada, haciendo casi imposible el descanso, especialmente para familias con niños y personas mayores.
Sin embargo, el verdadero caballo de batalla ha sido la accesibilidad. Los accesos rodados al núcleo se convirtieron en un auténtico embudo. Muchos vecinos denuncian haber tenido que dar largas vueltas o esperar interminables minutos para poder llegar a sus garajes, topándose con calles cortadas al tráfico y masas de peatones invadiendo la calzada. «Ir a comprar el pan o volver del trabajo se convirtió en una odisea», resumía un residente de la zona. El entorno, colapsado por los turistas y visitantes, dejó a los habitantes del Puertito en un segundo plano, sintiéndose «expulsados» de su propio barrio durante el fin de semana.
El transporte público, el salvavidas que evitó el colapso total
En medio de este caos circulatorio, el papel del transporte público fue clave para que la situación no fuera a peor. Fuentes municipales, que agradecen expresamente la gestión de Agoney Paz García, destacaron el refuerzo de guaguas y taxis como una medida indispensable para facilitar los desplazamientos.
Esta apuesta por el transporte colectivo ofreció una alternativa real para quienes acudieron al evento sin vehículo privado, aliviando en parte la tremenda presión sobre los aparcamientos y las vías de acceso. No obstante, los vecinos señalan que, si bien las guaguas funcionaron bien para traer gente, la logística para evacuar el núcleo a altas horas de la noche seguía siendo mejorable, con largas colas en las paradas que evidencian la necesidad de seguir potenciando este servicio en futuras ediciones.




