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EL CRECIMIENTO DE LA DEUDA PÚBLICA AMENAZA CON CARGARSE EL MODELO DE ESPAÑA.

Candelaria, a 20 de agosto de 2026.- La escalada imparable de la deuda pública ha vuelto a poner en el centro del debate económico el legado que dejarán los actuales gestores del país a las próximas generaciones. Según los últimos datos oficiales recopilados desde el inicio de la Democracia hasta la fecha (1977–2026), el saldo vivo de la deuda del conjunto de las administraciones no ha dejado de crecer, pero el ritmo alcanzado en los últimos ocho años ha encendido todas las alarmas.

Con Pedro Sánchez al frente del Ejecutivo, la deuda pública ha aumentado en 589.700 millones de euros, pasando de los 1.173.348 millones de euros de 2018 a los 1.763.000 millones de euros registrados en junio de 2026. Esta cifra supone el mayor incremento en términos absolutos de toda la serie histórica, superando ampliamente los 429.818 millones de euros que se sumaron en los siete años de gobierno de Mariano Rajoy o los 353.642 millones del segundo mandato socialista de José Luis Rodríguez Zapatero.

Un récord en plena ‘vaca gorda’ fiscal

Lo más preocupante para los analistas económicos no es solo la magnitud de la cifra, sino el contexto en el que se produce. A diferencia de la crisis financiera de 2008, donde el Estado heredó un agujero multimillonario y una quiebra técnica de las cuentas públicas, Sánchez ha disparado el pasivo del país en un escenario de recaudación fiscal récord. Nunca antes en la historia de España se habían ingresado tantos impuestos, y sin embargo, el volumen de deuda no ha dejado de batir marcas.

El argumento de haber recibido un «Estado en quiebra» —como el que dejó ZP a Rajoy— se desmorona al comparar las cifras de partida. Cuando Rajoy llegó a La Moncloa en 2011, se encontró con un déficit público desbocado del -9,30%, múltiples agujeros repartidos por las partidas económicas: 25.000 millones de euros en déficit del Estado, 16.000 millones en Sanidad, 62.000 millones en el sistema financiero, 24.000 millones en eléctricas, 20.000 millones en infraestructuras y 56.000 millones en empresas públicas. Aquel era un auténtico rescate financiero encubierto.

Sin embargo, la herencia que recibió el actual presidente en 2018 era muy distinta. Rajoy dejó el déficit público ajustado al -2,52%, prácticamente cumpliendo con el objetivo del 2,5% exigido por la Unión Europea y tras haber saneado gran parte de los desequilibrios estructurales. Pero a pesar de partir de una base infinitamente más saneada, la deuda en porcentaje del PIB ha pasado del 98,6% al 107,7% (+9,1 puntos) bajo el mandato de Sánchez.

La carga para los jóvenes: un futuro más pobre

La traducción de estas cifras es demoledora para la calidad de vida futura. El incremento de la deuda en casi 590.000 millones de euros no es un número abstracto; es una hipoteca directa sobre los hombros de las próximas generaciones, que verán lastradas sus oportunidades de empleo, sus pensiones y los servicios públicos del futuro. Cada nuevo euro que se endeuda el Estado es un euro que tendrán que devolver los jóvenes de hoy con más impuestos y menos inversiones.

Mientras que el expresidente José María Aznar fue el único mandatario de la Democracia que logró reducir la deuda en términos porcentuales (pasó del 65,4% al 45,3%, un descenso de 20,1 puntos, y dejó superávit), la tendencia actual es radicalmente opuesta. Los Gobiernos de Sánchez no solo han disparado el pasivo absoluto, sino que han colocado a España en una senda de vulnerabilidad financiera que recuerda a los peores momentos de la crisis de la eurozona.

Los datos no engañan. El aumento de la deuda pública con Pedro Sánchez es el más abultado jamás visto en un país que, además, cuenta con la mayor presión fiscal de su historia. Ya no valen excusas de herencias envenenadas o crisis externas. La realidad es que el Estado gasta muy por encima de sus posibilidades, y los más jóvenes serán los que acaben pagando la factura de un endeudamiento que no frena.

El futuro del país, económicamente hablando, se vuelve más incierto y pobre si no se pone coto a este insostenible aumento del pasivo público. La pregunta que queda en el aire es: ¿quién va a pagar esta factura si no lo hacemos ahora? Desde luego, no será quien la ha generado. Comer es más caro, comprarse una casa o un coche ya no es opción para cada vez más españoles; y nuestros hijos verán la caída de la clase media y como vivirán mucho peor que sus padres.

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