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EL ESTADO IMPROVISA UNA MORGUE POR LOS NUMEROSOS CADÁVERES QUE DEJA LA INVASIÓN.

Ceuta, a 02 de agosto de 2026.- El colapso de los servicios funerarios y forenses, desbordados por el goteo incesante de cuerpos recuperados en el Tarajal, ha forzado al Gobierno ceutí a reabrir de urgencia unas instalaciones que llevaban ocho años clausuradas

La peor oleada migratoria registrada en la historia reciente de España, con la frontera del Tarajal como principal escenario, ha dejado una estampa dantesca en la ciudad autónoma de Ceuta. La marea humana —compuesta mayoritariamente por jóvenes, aunque también con mujeres y niños— que cruzó a nado la valla y las aguas limítrofes desde el pasado jueves ha desbordado todos los registros conocidos. Pero no solo en cuanto a número de llegadas, sino también en víctimas mortales.

El macabro goteo en las aguas del Tarajal

Desde el pasado jueves, las patrulleras del Servicio Marítimo de la Guardia Civil se han convertido en testigos directos de una tragedia continua. Las embarcaciones permanecen en alerta en las aguas cercanas a la frontera, a la espera de detectar un nuevo cuerpo sin vida para izar a bordo. La maniobra, que ya se ha vuelto desgraciadamente rutinaria, se repite varias veces al día. Una vez recuperados los cadáveres, los agentes los trasladan al puerto, donde el personal de Cruz Roja Española colabora en las labores de desembarco y recepción de los fallecidos.

Cifras que escalan por momentos y apuntan a un drama mayúsculo

El balance oficial de víctimas es ya de por sí escalofriante. La Delegación del Gobierno en la ciudad autónoma mantiene una cifra confirmada de 72 muertos recuperados en aguas jurisdiccionales españolas. Sin embargo, fuentes solventes del ejecutivo ceutí ya elevan esa estimación a 90 fallecidos. Y el temor, según distintos colectivos y agentes sobre el terreno, es que la realidad supere ampliamente el centenar, ya que habría que contabilizar aquellos cuerpos que han sido arrastrados por las corrientes hacia el litoral marroquí y de los que las autoridades del país vecino, según fuentes consultadas, se estarían desentendiendo por completo.

Caos logístico y colapso forense

El aluvión de migrantes, que llegó a superar los 60.000 en apenas dos jornadas, no solo generó un caos social sin precedentes —obligando a la población local a confinarse ante el deambular masivo por calles y avenidas—, sino que ha hecho saltar por los aires la capacidad operativa de los servicios forenses de la ciudad. El Instituto de Medicina Legal (IML), acostumbrado a una casuística habitual, se ha visto desbordado por la acumulación inédita de cadáveres en apenas 48 horas.

En un primer momento, el operativo se articuló en el propio puerto ceutí y en las dependencias de la base del Servicio Marítimo, utilizando cámaras frigoríficas móviles y espacios refrigerados provisionales para garantizar la correcta conservación de los cuerpos. Pero la llegada constante de nuevos fallecidos ha hecho que estas soluciones de emergencia queden rápidamente obsoletas.

La reapertura exprés del antiguo Hospital Militar

Ante la evidencia del desbordamiento absoluto, el Gobierno de Ceuta ha tenido que tomar una decisión drástica: ceder al IML el inmueble del antiguo Hospital Militar, un edificio que permanece clausurado y sin uso desde el año 2018. El recinto, que en su día fue un referente sanitario en la plaza, ha sido reconvertido a contrarreloj en una macro morgue para dar cabida a los numerosos cuerpos que siguen siendo devueltos por el mar.

Este improvisado depósito forense se ha convertido en el epicentro de un dispositivo sin precedentes, donde los equipos de patólogos y forenses trabajan contrarreloj para practicar las autopsias y gestionar la identificación de las víctimas, una tarea que se antoja titánica dada la magnitud de la tragedia y la falta de documentación de muchos de los fallecidos.

La imagen de un hospital militar reconvertido en depósito de cadáveres subraya la crudeza de una crisis que, lejos de remitir, sigue poniendo a prueba los límites humanos y logísticos de la ciudad autónoma, mientras la presión diplomática y humanitaria sobre Marruecos para que asuma su responsabilidad en la gestión de estos cuerpos crece exponencialmente.

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