LA PISCINA Y EL AUDITORIO NO RESUELVEN LOS GRANDES PROBLEMAS DE CANDELARIA.

Candelaria, a 08 de junio de 2026.- El municipio de Candelaria atraviesa, según sus propias autoridades, un “momento singular”. La remodelación de la Plaza de la Patrona de Canarias (más de 19 millones de euros), el futuro Auditorio Municipal (8,4 millones), la reforma del acerado de Las Caletillas (casi 1,5 millones) o la largamente anunciada piscina municipal (cerca de 10 millones) dibujan un mapa de inversión pública sin precedentes recientes. Sin embargo, bajo el brillo de las grúas y los discursos institucionales, resurgen las demandas históricas que el consistorio parece incapaz de atender: falta de estacionamiento, merma de la seguridad ciudadana y una crisis de vivienda que ninguna partida presupuestaria menciona.
Aparcamientos: el gran olvidado.
Ni el Auditorio ni la nueva piscina –cuyo proyecto se licita ahora tras más de una década de retraso– contemplan la creación de aparcamientos suficientes. En el caso del Auditorio, el texto oficial menciona un “aparcamiento” genérico, pero sin cifras ni detalles que permitan pensar en una solución para la saturación crónica de zonas como Punta Larga. Los vecinos llevan años denunciando que los peregrinos, turistas y nuevos usuarios de estos equipamientos no tendrán dónde dejar sus vehículos, y lo que es peor: tampoco los residentes. La remodelación de la plaza, con 20.000 metros cuadrados, ha priorizado la estética y la accesibilidad peatonal, pero no ha resuelto el déficit histórico de plazas de estacionamiento en el corazón del municipio.
Seguridad: una asignatura pendiente.
Mientras el equipo de gobierno se felicita por el inicio de las obras, en los barrios y calles menos transitadas crece la sensación de abandono. La falta de vigilancia, el alumbrado deficiente en zonas periféricas y la ausencia de un plan integral de seguridad ciudadana son algunos de los puntos ciegos del “modelo Candelaria”. Las nuevas infraestructuras, por sí mismas, no disuaden la delincuencia ni mejoran la respuesta ante emergencias. El Ayuntamiento no ha presentado datos ni planes concretos para acompañar el boom constructivo con medidas que garanticen la tranquilidad de los vecinos.
Vivienda: el gran silencio municipal.
Ni una línea del informe oficial menciona la vivienda. No hay planes para jóvenes, ni para familias con dificultades, ni para frenar la especulación. Mientras la inversión en grandes equipamientos culturales y deportivos alcanza decenas de millones de euros, el acceso a una vivienda digna sigue siendo una quimera para muchas personas en Candelaria. El consistorio parece haber elegido qué necesidades atender, y la vivienda no está en la foto. ¿De qué sirve una piscina olímpica o un auditorio con 500 butacas si una parte creciente de la población no puede permitirse vivir en el municipio?
Una década de retraso no es un logro.
La alcaldesa, Mari Brito, celebra la licitación de la piscina como si fuera un éxito reciente, pero lo cierto es que este equipamiento se prometió hace más de diez años. Lo mismo ocurre con el Auditorio, reivindicado desde mediados de los años 2000. Inaugurar obras con demoras escandalosas no es gobernar con eficacia, sino maquillar la inacción pasada con hormigón nuevo.
Avance maquillado, problemas enquistados.
Candelaria avanza, sí, pero a trompicones y con un guion que privilegia los grandes focos mediáticos sobre las necesidades cotidianas. La falta de aparcamientos, la inseguridad y la ausencia de políticas reales de vivienda no se resolverán con auditorios o piscinas. Si el gobierno municipal quiere de verdad que Candelaria avance “para todos sus vecinos y vecinas”, deberá explicar por qué estos problemas estructurales siguen sin un plan, una partida y una fecha. Porque de nada sirve una plaza bonita si luego no se puede aparcar, se teme al volver a casa por la noche o no se encuentra un alquiler asumible.




