Candelaria

UNA CARAVANAS DE CARAVANAS REIVINDICATIVA COPLAPSA CANDELARIA ESTE SÁBADO.

Candelaria, a 26 de abril de 2026.- Una larga serpiente de caravanas, autocaravanas y campers avanzaba este pasado fin de semana por las carreteras del Sur de Tenerife. No era una excursión vacacional ni una concentración lúdica. Era la “caravana de caravanas”: una marcha lenta y reivindicativa que partió desde el núcleo de Guargacho (San Miguel de Abona) y, tras atravesar el municipio de Candelaria, puso rumbo a la capital, Santa Cruz, desbordando el tráfico y visibilizando una demanda largamente silenciada: el derecho a vivir y viajar sobre ruedas sin ser tratados como intrusos.

La protesta, organizada por colectivos de caravanistas independientes y asociaciones de autocaravanistas de Canarias, reunió a más de un centenar de vehículos. Durante varias horas, la comitiva generó importantes retenciones —especialmente en los accesos a Candelaria y en el enlace con la Autopista del Sur (TF-1)—, así como en las rondas de entrada a Santa Cruz, donde la columna se disolvió pacíficamente en una explanada habilitada de forma excepcional.

“No somos okupas, somos viajeros”

Entre los portavoces del movimiento, el sentimiento de persecución es unánime. “Nos paran en cada municipio, nos ponen multas por estacionar donde no hay alternativa, y nos inspeccionan como si fuéramos delincuentes solo por vivir en una caravana”, denunciaba Pedro Montes, uno de los organizadores, al borde de la TF-1. “No pedimos lujos: solo que cese el acoso policial y que se nos reconozca como lo que somos: personas que eligieron la movilidad residencial”.

Los caravanistas llevan años denunciando lo que califican como “acoso sistemático” por parte de varias policías locales y la Guardia Civil. La falta de ordenanzas claras en la mayoría de los ayuntamientos canarios convierte cualquier pernocta en una infracción, salvo en contadísimas excepciones. Tras la protesta, los manifestantes entregaron un escrito en el Cabildo de Tenerife y en el Ayuntamiento de Santa Cruz exigiendo:

  1. El cese inmediato de la persecución y las sanciones indiscriminadas a quienes hacen un uso residencial o recreativo responsable de sus vehículos.
  2. La habilitación de espacios públicos de acampada y zonas de servicio para autocaravanas y campers, con puntos de agua, vaciado químico y estacionamiento regulado.
  3. Un cambio de visión por parte de las entidades locales: dejar de ver las caravanas como “un problema de suciedad o inseguridad” y empezar a considerarlas “una oportunidad turística desestacionalizada y de bajo impacto”.

El paso por Candelaria: tensión contenida y vecinos divididos

Uno de los momentos más críticos del recorrido se produjo al atravesar el casco urbano de Candelaria, donde la estrechez de algunas calles y la densidad de vehículos provocaron atascos que se prolongaron durante más de dos horas. Agentes de la Policía Local tuvieron que regular el paso manualmente. Pese a algunos bocinazos impacientes de conductores particulares, la marcha transcurrió sin incidentes graves.

“Entendemos las molestias, pero es la única forma de que nos escuchen”, explicaba Marta González, una joven tinerfeña que vive con su pareja en una autocaravana desde hace tres años. “Llevamos décadas invisibles. Cuando paramos en un polígono o en una costa, nos echan con malas formas. Y mientras, el turismo de caravanas en Europa crece, pero aquí ni siquiera tenemos un área oficial en toda la isla”.

Oportunidad frente a estigmatización

Los organizadores insisten en el tercer punto de su pliego: la falta de visión de los ayuntamientos y el Cabildo. “En lugares como Alemania, Francia o incluso la península, las zonas de autocaravanas son un recurso turístico que genera empleo y consumo en pequeños comercios”, señala un comunicado difundido tras la protesta. “Aquí, en cambio, nos tratan como a okupas. No quieren ver que un caravanista paga en supermercados, lavanderías, talleres y restaurantes. No ven la oportunidad, solo la supuesta molestia”.

De momento, las instituciones permanecen en silencio oficial. Fuentes no autorizadas del Cabildo admiten que la presión del colectivo ha ido creciendo en los últimos dos años, especialmente tras el auge del nomadismo digital y la búsqueda de viviendas alternativas ante la crisis de alquiler en Canarias. Sin embargo, los caravanistas advierten: “Esta caravana de caravanas no será la última. Si no hay respuestas, volveremos, y cada vez seremos más”.

Retenciones, debate ciudadano y un futuro incierto

Mientras el tráfico volvía a la normalidad en la noche del sábado, las redes sociales hervían. Había quien criticaba el “atropello a la movilidad de los residentes” y quien apoyaba abiertamente la causa. “Yo trabajo en una caravana y duermo en la calle porque no puedo pagar un piso. ¿Soy un problema? El problema es que no nos dejan ni parar”, escribía un usuario bajo el hastag #CaravanasConDerechos.

La “caravana de caravanas” ha logrado al menos una cosa: colocar el debate sobre la mesa. Ahora queda por ver si los responsables políticos están dispuestos a desmontar los prejuicios y construir, por fin, una isla más amable para quienes han decidido llevar su hogar a cuestas.

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