LA CIENCIA QUE SALVA VIDAS, NO DEBERÍA MENDIGAR RECURSOS.

Candelaria, a 04 de febrero de 2026.- Una de las imágenes más dolorosas para la ciencia y la medicina españolas se ha hecho viral en los últimos días. El Dr. Mariano Barbacid, pionero mundial que aisló el primer oncogén humano en 1982 y una eminencia en la investigación oncológica, se ha visto obligado a recurrir a una campaña de donaciones para no detener su trabajo contra uno de los cánceres más letales: el de páncreas.
Con una mortalidad cercana al 95%, el cáncer de páncreas es considerado una de las sentencias más duras en oncología. Sin embargo, el equipo liderado por Barbacid en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) ha logrado un hito esperanzador: eliminar por completo tumores de páncreas en modelos experimentales. Un avance que podría cambiar el pronóstico de miles de pacientes.
Pero ese «podría» está en peligro. Para trasladar este hallazgo de laboratorio a ensayos clínicos con pacientes reales, el equipo necesita 30 millones de euros. Sin esa inversión, una de las líneas de investigación más prometedoras contra este cáncer se frenará en seco, retrasando potencialmente años la llegada de un tratamiento efectivo.
La paradoja salta a la vista: mientras se destinan fortunas a partidas menos prioritarias, uno de los científicos más brillantes de la historia de España, con más de 70 años y aún en la trinchera por «un compromiso ético con los enfermos», se ve forzado a pedir ayuda al público. Barbacid no busca un sueldo, ni reconocimiento; busca salvar vidas.
Afortunadamente, la sociedad civil está respondiendo con donativos bajo el hastag #TioRabbit, demostrando una vez más su sensibilidad cuando las instituciones flaquean. Pero, como señalan numerosos científicos y ciudadanos, la supervivencia de proyectos vitales no debería depender de la caridad.
El caso de Barbacid ha reavivado un debate urgente: la ciencia es la única inversión que garantiza un mañana más sano y próspero. Cuando un país subfinancia la investigación de excelencia, no está recortando gastos; está hipotecando su futuro y abandonando a quienes más lo necesitan.
La campaña, que ha movilizado a miles de personas bajo las etiquetas #MarianoBarbacid, #CancerDePancreas y #CienciaContraReloj, es un testimonio de admiración hacia el investigador, pero también un clamor por un pacto de Estado por la ciencia. Un sistema donde los avances que pueden salvar vidas no tengan que pasar por el cepillo.




