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APOYO AL SECTOR PRIMARIO, ESTA VEZ A LOS PESCADORES ESPAÑOLES.

Candelaria, a 25 de febrero de 2026.- El aumento de costes, las restricciones europeas y la falta de relevo generacional ponen en jaque a uno de los oficios más antiguos del país

Detrás de cada pescado que llega a nuestra mesa hay madrugadas sin descanso, mares difíciles y familias enteras que dependen de un oficio tan antiguo como necesario. Sin embargo, hoy, miles de pescadores españoles viven uno de los momentos más complicados de su historia reciente.

Lo que durante siglos ha sido el sustento de cientos de pueblos costeros se enfrenta ahora a una tormenta perfecta: el aumento desorbitado del precio del combustible, las restricciones cada vez más duras impuestas por Bruselas, la reducción de días de faena y unas cuotas que, denuncian, muchas veces no reflejan la realidad del mar.

El sector pesquero español, lejos de los focos mediáticos que suelen centrarse en otras áreas de la economía, resiste como puede. Pero la imagen de barcos amarrados en los puertos se repite cada vez con más frecuencia a lo largo de nuestra geografía. No es falta de ganas de trabajar, explican los propios pescadores, sino que salir a faenar ya no siempre cubre los gastos.

La pesca artesanal, en riesgo de extinción.

Uno de los colectivos más damnificados es el de la pesca artesanal. Este modelo, respetuoso con el medio marino y generador de empleo local en pequeñas comunidades, está desapareciendo poco a poco. Y con él se va algo más que una actividad económica: se desvanece el relevo generacional, la tradición oral, la economía local y una forma de vida que ha alimentado a generaciones enteras.

Los jóvenes, explican desde las cofradías, lo piensan dos veces antes de embarcarse en un oficio que ofrece incertidumbre, sacrificio y, cada vez más, escasa rentabilidad. Sin relevo, el futuro del sector se oscurece.

El malestar con Bruselas es creciente. Las organizaciones del sector llevan años denunciando que las políticas pesqueras comunes se diseñan desde despachos alejados de la realidad de los puertos. Las reducciones de días de pesca, los recortes de cuotas y las limitaciones técnicas se acumulan sin que, a juicio de los pescadores, se tenga en cuenta el conocimiento empírico de quienes llevan décadas sobre las aguas.

«Nos gobiernan con normas pensadas para el mar del Norte, no para el Mediterráneo o el Atlántico que conocemos», repiten en los muelles. Y mientras tanto, advierten, el producto local y fresco pierde terreno frente a las importaciones de terceros países que no siempre cumplen con los mismos estándares exigidos a nuestra flota.

Apoyar a los pescadores no es solo un gesto de solidaridad con un sector en dificultades. Es, sobre todo, una apuesta por la soberanía alimentaria, por el producto fresco y de kilómetro cero, y por el equilibrio de nuestras costas.

Las cofradías, los armadores y las asociaciones de pescadores insisten en que sin ellos, los puertos se apagan, los pueblos se vacían y el mar pierde a quienes mejor lo conocen y lo respetan. Porque el pescador no solo extrae un recurso: lo cuida, lo conoce y, en la mayoría de los casos, aboga por su sostenibilidad porque sabe que de ello depende su futuro.

En este contexto, el sector lanza un mensaje claro a la sociedad: consumir pescado local no es solo una cuestión de calidad, es un acto de apoyo a quienes mantienen viva la costa española. Y a las administraciones les exigen políticas realistas, ayudas efectivas y una defensa firme de los intereses de la flota española en Europa.

Hoy más que nunca, apoyemos a los pescadores de España.

Porque sin pescadores, no hay pescado.
Porque sin mar vivido, no hay futuro.

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