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EL RÉGIMEN DE GANANCIALES Y SUS PROBLEMAS EN LAS CRISIS MATRIMONIALES.

Candelaria, a 21 de febrero de 2026.- Uno de los malentendidos más grandes y peligrosos en un matrimonio es pensar: «Yo me gano mi dinero, así que es mío». Estas afirmaciones llegan a diario al despacho jurídico ASESORÍA JURÍDICA CASTELLANO (922104640). Si está casado en sociedad de gananciales, la ley Le lleva una sorpresa: legalmente, lo que gana trabajando es de los dos.

Te explicamos cómo funciona y por qué este desconocimiento genera tantos problemas en divorcios y herencias.

¿Qué significa estar en gananciales?

Cuando te casas en gananciales (el régimen más común en España si no se ha firmado un acuerdo prematrimonial), formáis una especie de «empresa común». Todo lo que ganéis durante el matrimonio pasa a ser propiedad de la sociedad, es decir, de los dos al 50%.

Esto incluye, de forma clara y tajante, los frutos de tu trabajo.

Da igual si eres médico, camarero, arquitecto o tienes una tienda en línea El artículo 1347 del Código Civil es muy claro:

«Son bienes gananciales […] los obtenidos por el trabajo, la industria o el comercio de cualquiera de los cónyuges.»

Traducción: Aunque tu pareja esté en el paro, se dedique a las tareas del hogar o tenga un trabajo completamente distinto, el sueldo que tú ingresas cada mes es ganancial. Es de los dos.

Y sí, esto también aplica a:

  • Pagas extras.
  • Comisiones.
  • Indemnizaciones por despido.
  • Beneficios de un negocio o autónomo.

El error fatal: «Pero si lo ingresé en mi cuenta…»

Aquí viene el gran problema. La gente piensa que si el dinero entra en una cuenta bancaria de la que solo ellos son titulares, ese dinero ya es privado. Y eso es completamente falso.

El dinero no cambia de naturaleza por el hecho de cambiar de cuenta.

Da igual que tengas:

  • Una cuenta conjunta donde pagáis las facturas.
  • Una cuenta de ahorro compartida.
  • Una cuenta de la que solo tú tienes la tarjeta y la libreta.

El dinero sigue siendo ganancial. La cuenta solo es el «recipiente» donde se guarda, pero la propiedad del líquido (el dinero) pertenece a la sociedad conyugal.

¿Por qué esto causa tantos problemas?

Este desconocimiento es la semilla de muchas discusiones y disgustos.

  1. En un divorcio: Uno de los cónyuges puede haber ahorrado en secreto o tener la falsa creencia de que tiene un «colchón» privado. Cuando llega la separación, ese dinero (o los bienes comprados con él, como un coche o unas acciones) debe ponerse en común y partirse. La otra parte tiene derecho a la mitad, aunque nunca tocara esa cuenta.
  2. En una herencia: Si uno de los cónyuges fallece, el dinero de sus cuentas individuales no va íntegro a sus herederos particulares (como sus padres o hijos de un matrimonio anterior) sin más. Primero hay que liquidar la sociedad de gananciales: la mitad de ese dinero es del viudo o viuda, y la otra mitad es la que se reparte como herencia.
  3. En las discusiones cotidianas: La frase «como yo soy el que trae el dinero a casa, decido yo» no tiene base legal en gananciales. La gestión puede ser de uno, pero la titularidad es compartida.

Entonces, ¿cómo puedo tener algo «solo mío»?

Para que un bien sea privativo (solo de uno), debe cumplir una de estas condiciones:

  • Haberlo comprado antes de casarse.
  • Haberlo recibido por herencia o donación durante el matrimonio (ej: tus padres te dejan un piso en herencia).
  • Vendes algo privativo (ej: el piso que heredaste) y con ese dinero compras otra cosa. Mientras puedas demostrar la trazabilidad del dinero privativo, el bien nuevo también lo será.

Si quieres tener una separación total de patrimonios desde el principio para evitar que tu sueldo sea automáticamente de los dos, tendrías que haberse casado en régimen de separación de bienes.

Casarse no es solo un acto de amor, es un acto legal con consecuencias económicas. Elegir el régimen económico matrimonial (gananciales o separación de bienes) es una de las decisiones más importantes que debéis tomar.

Saber que tu nómina mensual, aunque tú te la hayas ganado, se convierte en un bien común desde el minuto uno, no es ni bueno ni malo. Es simplemente la regla del juego si elegís gananciales. Conocerla a tiempo evita malentendidos, protege a ambos y, sobre todo, previene conflictos futuros que podrían haberse evitado con una conversación clara al principio.

En ASESORÍA JURÍDICA CASTELLANO (922104640) podemos ayudarle.

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