LA HIDROELÉCTRICA DE GÜÍMAR, LA HISTORIA DE UN PROYECTO QUE NO VERÁ.

Güímar, 17 de febrero de 2026. – En los últimos días, y a través de diferentes medios de comunicación, ha vuelto a cobrar fuerza una idea que lleva tiempo sobre la mesa: la posibilidad de instalar una central hidroeléctrica en uno o varios de los socavones que la actividad extractiva de áridos ha dejado como cicatrices en el paisaje del barranco de Badajoz, en Güímar. La propuesta, que podría contar con una inversión cercana a los mil millones de euros, reabre el debate sobre el futuro de este enclave estratégico del Sureste de Tenerife.
Más allá de la central hidroeléctrica, son muchas las voces que vienen reclamando desde hace tiempo la necesidad de abordar de una vez por todas un plan especial para el barranco de Badajoz. Un plan que permita, por un lado, ordenar la extracción de áridos —un recurso esencial para la industria de la construcción en la Isla— y, por otro, restaurar y devolver la dignidad a un paisaje profundamente transformado por décadas de actividad extractiva.
La presencia del agua en el barranco, canalizada históricamente para el riego y el abastecimiento, abre un abanico de posibilidades que va más allá de la generación energética. Espacios recreativos, zonas verdes, usos culturales o incluso educativos podrían encontrar cabida en un entorno que, bien planificado, tendría un potencial enorme para el municipio y para toda la Isla.
La cifra que se maneja para este ambicioso plan —mil millones de euros— no ha pasado desapercibida. Tampoco la comparación que surge de manera inevitable con otros proyectos en Tenerife que, siendo aparentemente más viables, llevan años paralizados o sumidos en una parálisis administrativa que parece no tener fin.
El caso más paradigmático es, sin duda, el embalse de Erjos, en el norte de la Isla. Un proyecto largamente demandado, con estudios técnicos favorables y un consenso social importante, que sin embargo sigue viendo pasar la vida sin llegar a materializarse. Mientras tanto, iniciativas como la del barranco de Badajoz, que implican una inversión multimillonaria y una transformación radical del territorio, empiezan a sonar con fuerza en los medios.
No han faltado las voces críticas ante lo que algunos consideran una falta de determinación por parte de las autoridades tinerfeñas. Se señala directamente que los responsables públicos se dejan amedrentar por los grupos de poder de las grandes energéticas, lo que estaría lastrando la puesta en marcha de proyectos energéticos y de ordenación territorial que serían clave para el futuro de la Isla.
«Las autoridades de Tenerife se dejan amedrentar por los grupos de poder de las energéticas y están muy lejos de llevar a cabo proyectos de este tipo», denuncian fuentes conocedoras de la situación, que ven con escepticismo que una iniciativa de esta magnitud pueda salir adelante mientras otras, más modestas y viables, continúan en un limbo administrativo.
El verdadero potencial: los áridos.
En medio de este debate, hay quien recuerda cuál ha sido tradicionalmente la principal riqueza del barranco de Badajoz: la enorme cantidad y calidad de los áridos que alberga. Un recurso estratégico para el desarrollo de Tenerife, especialmente en un contexto de crecimiento de la actividad constructora y de necesidad de materiales para infraestructuras y vivienda.
La cuestión de fondo, por tanto, no es solo si cabe o no una central hidroeléctrica en los antiguos socavones. El verdadero desafío es si la Isla será capaz de articular un plan integral que compatibilice la extracción ordenada de esos áridos —garantizando el suministro a la industria— con la recuperación paisajística y medioambiental del barranco, y de paso, con el aprovechamiento energético e incluso recreativo de un espacio que, bien gestionado, podría convertirse en un referente.
Por ahora, la posibilidad de la central hidroeléctrica en el barranco de Badajoz no pasa de ser una propuesta que ha saltado a la palestra mediática. Pero el simple hecho de que se hable de ella ha vuelto a poner sobre la mesa una asignatura pendiente: la ordenación y puesta en valor de uno de los enclaves con mayor potencial del Sureste de Tenerife.
Queda por ver si, esta vez, las administraciones serán capaces de ponerse de acuerdo y dar los pasos necesarios para convertir ese potencial en realidad, o si, como ha ocurrido con otros proyectos, el debate se diluirá sin llegar a buen puerto, dejando pasar una oportunidad histórica para Güímar y para toda la Isla.




