EL PAPA PLANTEA UNA VISITA A CANARIAS.

Candelaria, a 10 de enero de 2025.- La larga espera de España para recibir un viaje apostólico ha llegado a su fin. El Papa León XIV confirmó que España será el primer país europeo que visite tras su elección, cerrando una anomalía de 13 años en la que su predecesor, Francisco, visitó 66 países pero no España.
El itinerario incluirá Madrid, Barcelona y Canarias, con fechas que se apuntan para junio de 2026, coincidiendo con el centenario del fallecimiento de Antoni Gaudí. Esta decisión llega cargada de simbolismo político, eclesial y humanitario.
La confirmación del viaje no es casual. Se produce en un contexto político muy concreto, apenas un día después de que el Gobierno español y la Conferencia Episcopal Española (CEE) anunciaran un acuerdo histórico para articular un sistema de reparación para las víctimas de pederastia clerical.
Este pacto, directamente negociado entre el Gobierno y la Santa Sede, fue una condición observada como previa al anuncio oficial del viaje. Muestra la interrelación directa entre la agenda diplomática y los movimientos apostólicos.
La selección de las ciudades no fue arbitraria y refleja tensiones internas dentro de la Iglesia española:
- Madrid y Barcelona eran paradas inevitables, siendo los principales núcleos de poder civil y eclesiástico.
- La inclusión de Canarias supone un guiño al legado de Francisco y sitúa en primer plano la crisis migratoria.
- Quedaron fuera sedes que aspiraban a la visita, como Santiago de Compostela o Valladolid. Esta última ausencia se interpreta como un revés para el presidente de la CEE, Luis Argüello, quien no habría capitalizado su posición institucional. Curiosamente, fue el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid y vicepresidente de la CEE, quien anunció el viaje en solitario.
La parada en el archipiélago canario es la más cargada de simbolismo. Representa la materialización de un deseo expresado por el Papa Francisco, quien dijo en enero de 2025: «Quiero ir a Canarias», para solidarizarse con la crisis migratoria, aunque su salud se lo impidió.
Para León XIV, Canarias será lo que Lampedusa fue para Francisco: un escenario simbólico para denunciar el drama migratorio en el Mediterráneo y mostrar la cercanía de la Iglesia. El Vaticano observa con interés la oportunidad de visibilizar la presión migratoria, en especial la situación de los más de 5.000 menores migrantes no acompañados que han llegado a las islas.
La inclusión de Canarias no estuvo exenta de controversia. Según algunas fuentes, existió presión política desde comunidades autónomas peninsulares, reticentes a que la visita papal diera una visibilidad mundial al «sonrojo» de la crisis de los menores migrantes.
El temor era que «la foto del Papa en un centro de migrantes con menores daría la vuelta al mundo», poniendo en evidencia la falta de solidaridad de algunas regiones. A pesar de estas tensiones, el Gobierno de Pedro Sánchez no puso objeciones a la inclusión canaria.
La visita de un Papa es siempre un evento de gran magnitud, con implicaciones que van más allá de lo religioso.
En Barcelona, la visita coincidirá con un hito histórico: la inauguración de la Torre de Jesús que coronará la Sagrada Familia, culminando la obra de Gaudí. Será una continuación de la visita de Benedicto XVI, quien consagró el templo en 2010.
La llegada de León XIV parece diseñada para cerrar varios capítulos a la vez: la «anomalía» de la no-visita de Francisco, el espinoso asunto de las reparaciones por abusos y la necesidad de la Iglesia de reconectarse con una sociedad española cada vez menos católica.
Es un viaje que cierra una larga espera y, al mismo tiempo, abre una nueva etapa en las complejas relaciones entre la Santa Sede, el Estado español y una sociedad en transformación. El mensaje de paz y atención a las periferias que León XIV lleva a Madrid, Barcelona y, muy significativamente, a Canarias, buscará dejar una huella más duradera que el simple recuerdo de una efímera visita de Estado.




