¿UN FUTURO VERDE OLVIDANDO LO BÁSICO? LA PARADOJA DE ARAFO.

Arafo, a 06 de marzo de 2026.- Arafo avanza hacia un horizonte más sostenible, o al menos eso parece sobre el papel. El pasado jueves 26 de febrero, representantes del Ayuntamiento mantuvieron una reunión clave con la Oficina de Transición Energética (OTE) del Cabildo de Tenerife. El objetivo: seguir impulsando el Plan de Acción para el Clima y la Energía Sostenible (PACES). Sin embargo, mientras los focos apuntan a la Agenda 2030 y a las grandes declaraciones de intenciones ecológicas, muchos vecinos se preguntan: ¿quién se ocupa de lo urgente mientras pensamos en lo importante?
Es innegable que el equipo de gobierno se ha «venido arriba» con su política verde. Y, ojo, no son solo promesas. Desde el consistorio destacan acciones reales que merecen reconocimiento: la nueva planta fotovoltaica que ya funciona en la Residencia María Auxiliadora y el Auditorio, la creación de corredores naturales para mejorar el clima y optimizar el uso del agua, o el refuerzo de las ayudas para combatir la pobreza energética, protegiendo a las familias más vulnerables. Son pasos firmes que dibujan un «Arafo camina hacia un futuro más verde».
Pero el problema reside en que, mientras se mira al futuro, el presente se desmorona en los barrios y en el día a día de los ciudadanos. Es difícil celebrar la eficiencia energética cuando la red de agua de abasto es, sencillamente, una vergüenza. Las fugas, la presión insuficiente o la calidad del servicio contrastan dolorosamente con los titulares sobre sostenibilidad. Es como si el progreso se midiera solo en paneles solares y no en tuberías que no pierdan agua.
A esto se suma una sensación de abandono generalizado. La limpieza en los barrios deja mucho que desear, acumulándose la suciedad en rincones que parecen olvidados por el servicio municipal. Pasear por algunas zonas da una sensación de dejadez que invita a preguntarse si el municipio tiene dos almas: la del centro «eco-consciente» y la de la periferia olvidada.
La seguridad tampoco pasa por su mejor momento. La falta de efectivos en la Policía Local es palpable, y con ella, crece la sensación de inseguridad entre los residentes. No hay una presencia disuasoria en las calles, y los ciudadanos se sienten desprotegidos, esperando soluciones que no llegan.
Y si miramos al suelo que pisamos, el diagnóstico es aún más calamitoso. El estado de las carreteras y caminos reales es lamentable. Baches, firme irregular y abandonado. Lo que antes eran vías de comunicación ahora son obstáculos a sortear, cuando no un peligro para conductores y peatones. A esto se le suma la ausencia de un saneamiento digno en varias zonas, un problema de primera necesidad que debería estar resuelto en cualquier municipio que se precie.
En definitiva, parece que la balanza se ha inclinado de forma demasiado evidente. La Agenda 2030 va como un tiro, y eso está bien. Es positivo que Arafo quiera ser un referente en la lucha contra el cambio climático. Pero el camino hacia ese futuro sostenible no puede estar pavimentado con el abandono del presente. Menos fachada y más centrarse en los problemas reales del municipio.
El agua potable, la seguridad, la limpieza y el asfaltado no son «políticas de postureo», son la base sobre la que se construye la calidad de vida de los vecinos. Un municipio no puede jactarse de ser ecológico si sus habitantes tienen que transitar por caminos intransitables o soportar cortes de agua. La transición energética es necesaria, pero no debería ser una excusa para descuidar lo básico. Es hora de que el verde de la sostenibilidad no opaque el gris del abandono en los barrios de Arafo.




