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SE CUMPLEN TREINTA AÑOS DEL SECUESTRO DE ORTEGA LARA.

Se cumplen tres décadas del secuestro de José Antonio Ortega Lara, el funcionario de prisiones que pasó 532 días encerrado en un zulo, protagonizando el cautiverio más largo y cruel perpetrado por la organización terrorista ETA.

Un 17 de enero de hace 30 años, la vida de José Antonio Ortega Lara cambió para siempre. Fue secuestrado por el comando Madrid de ETA, iniciando un martirio que se prolongaría durante 532 días –casi año y medio– en condiciones de encierro extremo, aislamiento y privación. Su secuestro no fue solo un ataque contra una persona, sino una estrategia de presión y chantaje contra el Estado de Derecho.

Su liberación, el 1 de julio de 1997, se convirtió en uno de los operativos policiales más recordados de la lucha contra el terrorismo en España. Un grupo de la Brigada Antiterrorista de la Guardia Civil, actuando sobre una pisa, localizó el zulo en el barrio de Lasarte, en Mondragón (Guipúzcoa). Al frente de aquella operación decisiva estaba el capitán Sánchez Corbi, cuyo liderazgo y determinación fueron clave para el éxito de la misión.

Sin embargo, la trayectoria posterior de este oficial contrasta con la heroicidad de aquel día. El coronel Sánchez Corbi, ascendido por sus méritos, se encuentra actualmente apartado y repudiado por el Ministerio del Interior, en una situación que muchos de sus compañeros y sectores de la sociedad consideran una injusticia y un desagravio para quien protagonizó una de las liberaciones más simbólicas.

El secuestro de Ortega Lara representó la crueldad extrema de ETA. El zulo, de apenas unos metros, sin luz natural y con condiciones infrahumanas, fue diseñado para quebrar física y psicológicamente no solo al rehén, sino a toda la sociedad española. Su resistencia se erigió en un símbolo de la dignidad frente al terror.

Hoy, 30 años después, nos hacemos eco de la memoria de aquellos 532 días permanece como un recordatorio indeleble del sufrimiento causado por el terrorismo; así como del valor de quienes lo combatieron desde las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. La liberación de Ortega Lara fue un punto de inflexión que mostró la determinación del Estado español en la protección de sus ciudadanos y en la derrota de ETA, una lucha en la que los héroes, como aquellos agentes que lo rescataron, no deberían caer en el olvido ni en el desprecio institucional.

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