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SE DISPARA LA DEUDA PÚBLICA EN ESPAÑA PESE AL ALZA DE LA RECAUDACIÓN TRIBUTARIA.

Candelaria, a 26 de diciembre de 2025.- Con el telón de fondo de una coyuntura económica europea compleja, España ha cerrado el año 2025 con un nuevo máximo histórico en su deuda pública. Según los últimos datos disponibles, el saldo total se sitúa en el entorno de los 1,7 billones de euros, tras aumentar en aproximadamente 70.000 millones a lo largo del año.

Esta cifra, que supone un incremento interanual próximo al 4%, confirma una tendencia de crecimiento que se ha acelerado notablemente respecto a los años previos a la pandemia. El dato definitivo de diciembre, que se conocerá en febrero de 2026, es probable que consolide este nuevo récord.

La paradoja de la deuda española en 2025 reside en que, aunque su volumen nominal ha seguido creciendo, su peso relativo sobre la economía (la ratio deuda/PIB) ha experimentado un ligero descenso. Según el Banco de España, esta ratio se situó en el 103.2% del PIB en el tercer trimestre del año, lo que representa 1 punto porcentual menos que en el mismo periodo de 2024.

Esta mejora relativa se debe, en gran medida, al crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB). La economía española creció un 0.6% en el tercer trimestre de 2025 y un 2.8% en tasa interanual, lo que ha contribuido a moderar el impacto de la nueva deuda emitida.

La carga del nuevo endeudamiento no se ha repartido de manera uniforme entre las distintas administraciones:

  • Administración Central (Estado): Es la principal responsable del aumento, con un incremento de 68.300 millones de euros en los primeros diez meses de 2025. Su deuda ya alcanza los 1.54 billones de euros, también en niveles récord.
  • Comunidades Autónomas: Han aumentado su deuda en 3.100 millones, un ritmo tres veces menor que el del año anterior. Su deuda total se mantiene relativamente estable en 340.000 millones.
  • Entidades Locales (Ayuntamientos, Diputaciones): Son el único subsector que ha reducido su deuda, con un descenso de 850 millones hasta situarse en 22.000 millones.
  • Seguridad Social: Su deuda ha crecido de forma significativa (un 8.6% interanual) hasta los 126.000 millones, principalmente por los préstamos del Estado para financiar su desequilibrio presupuestario. Este incremento, no obstante, no suma al total general de la deuda pública, al ser una operación interna del sector.

En el panorama de la Unión Europea, España se mantiene como el quinto país con mayor nivel de deuda en relación a su PIB, según los últimos datos comparativos de Eurostat.

Una comparativa de la ratio deuda/PIB en el primer trimestre de 2025 posiciona a España en este lugar:

A pesar de ocupar una posición elevada en el ranking, España es uno de los países que ha logrado una reducción interanual más significativa de esta ratio (-2.8 puntos porcentuales), superada solo por Grecia, Chipre e Irlanda. En contraste, otros grandes socios europeos como Francia (+3.6 puntos) o Italia (+2.9 puntos) vieron aumentar su carga de deuda en el mismo periodo.

📈 Perspectivas y riesgos de futuro

La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) proyecta que, en su escenario central, la deuda pública española seguirá una senda descendente hasta situarse en torno al 95.2% del PIB en 2030. Esta previsión se apoya en el crecimiento económico nominal esperado y en una mejora progresiva del saldo primario (déficit/superávit excluyendo el pago de intereses).

Sin embargo, el organismo identifica riesgos significativos que podrían ralentizar este ajuste:

  • Desaceleración del crecimiento económico: Un PIB más débil reduciría el denominador de la ratio, haciendo que la deuda pese más.
  • Mayores tipos de interés: Incrementarían el coste de financiación de la deuda nueva y la existente.
  • Presiones de gasto estructural: Partidas como pensiones, defensa o el servicio de la deuda misma suponen un lastre creciente para las cuentas públicas.

El camino para consolidar las finanzas públicas españolas pasa, por tanto, por mantener un crecimiento económico robusto que genere más ingresos, al tiempo que se contiene el gasto corriente y se dirige la inversión hacia sectores que mejoren la competitividad a largo plazo.

En definitiva, España cierra 2025 en una encrucijada fiscal: ha logrado reducir el peso relativo de su deuda gracias al crecimiento, pero el volumen absoluto sigue batiendo récords, lo que exige una gestión prudente y reformas estructurales para garantizar la sostenibilidad a medio y largo plazo.

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