CINCO AÑOS DESPUÉS DEL VOLCÁN, MUCHOS PALMEROS SIGUEN VIVIENDO EN INFRAVIVIENDAS.

Santa Cruz de Tenerife, a 18 de septiembre de 2026.- Cinco años después de que el volcán sepultara miles de vidas, cientos de familias palmeras continúan atrapadas en una reconstrucción fantasma. Mientras el Estado prometía soluciones definitivas, muchos damnificados siguen malviviendo en contenedores, sin ayudas efectivas y con la amenaza del desalojo sobre sus cabezas.
Han pasado casi cinco años desde que el Tajogaite entrara en erupción y cambiara para siempre el rostro de La Palma. La lava arrasó viviendas, terrenos y proyectos de vida enteros. Sin embargo, para cientos de familias, la emergencia nunca terminó. La tragedia ya no se ve en los telediarios, pero se vive cada día en los alojamientos provisionales de Los Llanos de Aridane, donde la palabra «provisional» ha caducado hace mucho tiempo.
Un edificio de 53 viviendas como único horizonte… para unos pocos.
La única noticia esperanzadora llega con cuentagotas. El Cabildo de La Palma, con financiación del Gobierno de Canarias, ha adquirido un edificio de 53 viviendas en Los Llanos de Aridane. Está destinado, siguiendo criterios sociales, a damnificados que permanecen en casas contenedor o de madera y que no pueden reconstruir ni comprar una vivienda por sus propios medios. La entrega está prevista para octubre.
Cincuenta y tres viviendas. Una cifra que, aunque bienvenida, resulta dolorosamente insuficiente para una tragedia que afectó a miles de personas. Mientras tanto, la mayoría de los afectados sigue esperando.
Dinero para todo, menos para los damnificados por el desastre con un Estado que abandona a su gente.
La pregunta que muchos palmeros se hacen en voz baja —y cada vez más en voz alta— es incómoda: ¿dónde está el dinero prometido? Se anunciaron ayudas millonarias, consorcios, planes de reconstrucción y fondos estatales. Sin embargo, casi cinco años después, la realidad es que hay presupuesto para infraestructuras, para emergencias mediáticas y para un sinfín de partidas, pero los damnificados del volcán siguen sin recibir las compensaciones comprometidas.
La sensación de agravio es profunda. No se trata solo de dinero: se trata de dignidad. De familias que lo perdieron todo y que hoy siguen viviendo en infraviviendas mientras ven cómo otros asuntos menores acaparan atención y recursos.
La erupción del Tajogaite terminó oficialmente en diciembre de 2021, pero sus consecuencias siguen muy vivas. La lava sepultó casas, pero también sepultó la confianza de muchos ciudadanos en las instituciones. Cinco años después, la pregunta ya no es si el Estado falló, sino por qué sigue fallando. La emergencia no ha terminado. Y mientras no tengan un techo digno, La Palma seguirá en erupción.




