NO TODO VALE, Y LA BASURA SE QUEDA.

Candelaria, a 15 de julio de 2026.- La imagen de unas pegatinas adheridas a las vallas de metacrilato de la autopista, a la altura del municipio de Candelaria, ha reavivado el malestar entre los vecinos de la zona. Hace casi dos semanas que se documentó gráficamente esta situación, y los adhesivos continúan en su lugar, lo que ha llevado a algunos residentes a denunciar lo que consideran un claro ejemplo de impunidad y abandono del espacio público.
El malestar vecinal, que ha ido creciendo en las últimas semanas, apunta directamente a dos frentes: por un lado, a la actuación de ciertos colectivos que, bajo el pretexto de la defensa del medio ambiente, utilizarían el mobiliario urbano como soporte para mensajes que trascienden lo ecológico; por otro, a la inacción administrativa que permitiría que estas acciones permanezcan sin consecuencias.
El foco sobre el colectivo ATAN
Uno de los colectivos señalados en las críticas vecinales es ATAN (Asociación Tinerfeña de Amigos de la Naturaleza), a quien algunos califican como «pseudo grupo ecologista» y acusan de emplear estas pegatinas como una herramienta para atacar a contrincantes políticos, más allá de la defensa de la naturaleza. Según los denunciantes, las pegatinas formarían parte de una estrategia de presión que utiliza el espacio público como soporte de mensajes partidistas, manchando el mobiliario y equipamiento urbano sin que, hasta la fecha, haya habido una respuesta efectiva por parte de las autoridades.
Desde esta perspectiva, lo que podría interpretarse como una acción de concienciación ambiental se desdibuja en una línea difusa donde el ecologismo serviría de excusa para otros fines.
Falta de respuesta municipal
Otro de los aspectos que más indigna a los vecinos es la aparente pasividad de la administración local. Fuentes consultadas aseguran que durante la legislatura pasada ya se produjeron situaciones similares sin que se adoptaran medidas correctoras o sancionadoras. La persistencia de estas pegatinas en las vallas de metacrilato de la autopista, a la altura de Candelaria, se convierte así en un símbolo de la falta de diligencia de quienes deberían velar por el mantenimiento y la limpieza de los espacios públicos.
«Es inconcebible que se les permita este atropello a lo que es de todos», señala un vecino de la zona, que prefiere mantener el anonimato. «Deberían, al menos, recoger la basura que nos han dejado. No es posible que tengamos que convivir con esto sin que nadie haga nada».
Un problema que trasciende lo estético
Más allá de la controversia sobre el contenido de las pegatinas o la autoría de las mismas, el fondo del asunto pone sobre la mesa un problema de convivencia y respeto al patrimonio público. La falta de actuación por parte de los servicios municipales de limpieza y la ausencia de un procedimiento sancionador claro genera una sensación de impunidad que, según los residentes, invita a repetir este tipo de acciones.
El Ayuntamiento, pendiente de pronunciarse
Desde el Ayuntamiento de Candelaria no se ha emitido por el momento un comunicado oficial al respecto, aunque fuentes municipales han asegurado que están al corriente de la situación y que se está valorando la apertura de un expediente para determinar si estas pegatinas vulneran alguna normativa sobre publicidad o protección del mobiliario urbano.
Tampoco se ha obtenido una respuesta por parte de ATAN, a quien se ha intentado contactar para conocer su versión sobre los hechos y si estas pegatinas forman parte de alguna campaña institucional o, por el contrario, son acciones ajenas a la asociación.
Reclamación ciudadana: limpieza y responsabilidad
Mientras tanto, los vecinos insisten en que lo mínimo que se debería hacer es retirar los adhesivos y restituir la normalidad al espacio público. «No estamos pidiendo nada extraordinario: solo que se cumpla la ley y que quienes ensucian se hagan responsables. Y si la administración no actúa, que al menos limpie lo que otros dejan», concluye el residente consultado.
La polémica está servida en Candelaria, donde una simple pegatina ha destapado un debate más profundo sobre el uso del espacio público, los límites del activismo y la responsabilidad de quienes tienen la obligación de mantenerlo en condiciones.




