GRACIAS RAYCO, POR TANTO.

Candelaria, a 02 de mayo de 2026.- Son muchos los artífices de la vuelta del CD Tenerife al fútbol profesional, pero si hay un nombre que se alza por encima de todos, ese es el de Don Rayco García. Accionista mayoritario y líder en la sombra, el tinerfeñismo le debe una gratitud eterna.
El Club Deportivo Tenerife ha recuperado su lugar en el fútbol profesional, un estatus del que nunca debió salir. Y aunque en todo gran éxito hay un coro de voces y manos que empujan en la misma dirección, los aficionados saben bien que hay un responsable máximo: Don Rayco García. Este hombre de la tierra, uno de los mayores accionistas de la entidad, ha sido el verdadero timón oculto en la sombra del proyecto que preside oficialmente Don Felipe Miñambres.
El tinerferñismo, sabio en glorias y decepciones, no olvida los años difíciles. La deriva institucional y los descensos deportivos alejaron al equipo de la élite, dejando una herida abierta en la isla. Sin embargo, la llegada de Rayco García al núcleo de poder accionarial cambió el rumbo. Sin aspavientos, sin focos ni ruedas de prensa grandilocuentes, este empresario local fue tejiendo la estructura que permitiría la remontada. Primero, saneando las cuentas; después, blindando a los hombres clave; finalmente, insuflando la fe necesaria para creer en el regreso.
Quienes conocen los entresijos del vestuario y los despachos coinciden: García ha sido el líder silencioso, el apoyo incondicional de Miñambres, el que sujetó el andamio cuando todo amenazaba con venirse abajo. Su perfil discreto ha sido, paradójicamente, su mayor fortaleza. Mientras otros buscaban protagonismo, él se limitaba a trabajar para devolver al Tenerife a donde merece estar.
Hoy, con el equipo ya instalado en la categoría de plata o incluso aspirando a más, solo cabe dar las gracias. Gracias del tinerfeñismo entero a un hombre que nunca dejó de creer. Gracias a Don Rayco García, nacido en esta tierra y comprometido con su gente, por haber sacado al club del pozo donde nunca debió caer. Su legado ya es imborrable, y su nombre, para siempre, en lo más alto de la afición blanquiazul.




